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Texas (2022) La Riviera. Madrid

Crónicas
9265 días

9265 días después de la primera vez estoy esperando a Sharleen Spiteri en La Riviera. Otra vez. Es nuestra cita clandestina a la vista de todos, nos queremos sin remedio. Este rincón que solo ella y yo sabemos. Entre medias ha habido otras. También aquí y en otros lugares. Pero que hayan pasado 25 años y volvamos al lugar del crimen es, cuanto menos, remarcable. Presentaban el ‘White on blonde’, entonces, qué disparate es el tiempo. Vaya discazo.

Hoy se cumplen además 25 años exactamente que vimos a U2 aquí al lado y nos tomamos una cerves en el bar El Doblete escuchando ‘Mofo’. Un cuarto de siglo no es poca cosa. Esas grandes cosas pienso contemplando el escenario vacío, decorado tan solo con el nombre de Texas blanco sobre rojo en un fondo negro.

Paso un rato largo. Qué rollo es coger sitio. Pero es que es ella y viene conmigo. Me invita a ginebra, apretamos los dientes. Le digo: “buena función”. Me dice hazte la fimosis, David. Es incorregible la tía. Y con las mismas, me da un besito y sale al escenario corriendo y se canta un ‘I don’t want a lover’ a lo coutry folk autos locos. Atropéllame, chata, toca la bocina antes, disimula un poco.

Se marcan el ‘Southside’, su primer disco, entero. Esa es la cosa. El disco es de 1989, nada menos. Sí que tenemos galones. Dios santo. No nos caben ya en la solapa militar del pop. Es la única guerra que librar. Nuestras canciones pop, (casi) siempre chicas pop. Siempre. Sharleen, estoy aquí. Volví. Por ti. No te acuerdas de mí. Celebramos el raro 33 aniversario de un disco que íbamos a celebrar el 30 antes de la pandemia. Me esperaste. Es un detalle encomiable: aquí tienes las llaves de mi reino. Pequeño, pero tuyo.

‘I don’t want a lover’ rollo country. No se levantan. Es un unplugged elegante. Todo el ‘Southside’ por la cara. ‘Tell my why’. ‘Everyday now’ (esta es la buena de la velada). Todas las que vienen detrás. Se hace un poco bola porque las caras b son así. El final de un disco nunca es tan bueno salvo el ‘Achtung baby‘, que tiene la mejor cara-b jamás creada. Claro. Qué tontería, digo unas cosas.

Pero la apuesta se mantiene porque para eso es una apuesta. No vayamos a caer en el rollo Bruce Springsteen y la gira The River que al final ya era la gira Born in the USA o quien sabe. Hemos venido a tocar el ‘Southside’ y lo vamos a tocar. El sonido es limpio, Sharleen tiene ya al gentío comiendo de su mano por su chulería escocesa y su resplandor. El acústico va creciendo pero sigue contenido. Hace tanto de todo. Pero no esta noche. Esta noche es hoy y el ‘Southside’ es nuevo, de cuando Texas eran rock arenoso y ya.

Se acaba el disco, por cierto. Hay un descanso prolongado. Se viene el segundo acto. Cuando volvamos, que es ya, va a ser otra banda. Es como otro concierto. Ahora ya estamos en pie, saltamos, bailamos, giramos alegremente hacia el soul. El alma de las cosas. Esa primera parte contenida provoca que la segunda sea más enérgica si cabe. Así se marca la diferencia y el público lo agradece mucho. Lo goza, qué caramba, no andemos con rodeos. Ahora cambia la cosa.

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Una curiosidad: antes de entrar me encontré con un colega que me dijo ‘¿pero los Texas de toda la vida, los Texas?’ No puede ser que vayas a ver a mi Sharleen’. Tan tuya no es si no te hs enterado. Es curioso cómo funciona todo. Mánagers, negocios, despropósitos. Texas todavía pueden tocar en sitios algo más grandes, pero van a lo seguro y conocido. Así lo hicieron en La Riviera sin que, por lo visto, casi nadie se enterara.

Puede que Texas no sea un grupo precisamente de moda. No lo es. Pero cuando pone en marcha el carrusel de éxitos sabe perfectamente que lo es, porque está por encima de las modas. ‘Summer son’, ‘Halo’, ‘In our lifetime’, ‘Mr Haze’, ‘When we are together’, ‘In demand’, ‘Inner Smile’, ‘Black eyed boy’. Estamos tan mayores y tan guapos a su vez este viernes en la noche. Qué cosa tan bonita es ‘Say what you want’.

Está muy bien planteada esta gira. Por eso ahora suena como colofón ‘I don’t want a lover’ en su versión total con la banda completa. Tu sabor es Mahou, es imposible no cantarla así, como en aquel anuncio. Y mientras nos recogemos se marcan un ‘Suspicious minds’ estupendo para rematar una faena que nos queda a los asistentes (con entradas agotadas, aunque hubiera quien no se enterara) para el recuerdo.

¿Dónde estaremos dentro de otros 9265 días? ¿En La Riviera viendo a Texas en 2047? ¿Todos muertos? Da vértigo, pero lo importante no es donde estaremos, sino donde hemos estado. Y las canciones, claro, ellas son lo más importante, son lo que nos congrega aquí. No habrías llegado hasta aquí si no fuera por las canciones. Son una máquina del tiempo hacia el pasado, no todavía hacia el futuro pero, mientras tanto, nos llevan por caminos raros.

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