los zigarros

Los Zigarros (2020) La Riviera. Madrid

Crónicas
Los Zigarros: Vuelven las noches de rocanrol
Lo primero: las fotos son de Ricardo Rubio. Dicho lo cual.

El año 2020 se presentaba bravío. Vimos a Los Zigarros en el Circo Price de Madrid y aquello fue un atracón de rock que lógicamente alguien se lo iba a cobrar. Era enero. No lo veíamos venir. Pero el mundo se detuvo. Y hoy lo hemos retomado donde empezamos, pasando por encima de este mal sueño.

Un concierto de rock sentados en La Riviera. ¿Quién demonios hubiera imaginado esto? Nadie. Y no es que lo aceptemos, es que lo necesitamos. Y por eso mismo ir es un acto de militancia. Sin miedos. Con ganas. A las seis de la tarde (luego había otro pase a las nueve). Al lío.

Porque el rock no es la excusa: el rock es el motivo. De todo lo que nos pase. Y salen ahí Los Zigarros y lo sientes así. De repente todo está bien. Chapemos este año de mierda remontando. Sentado en mi silla, en La Riviera, alzando la cerveza como acto definitivo de hermandad.

Es rarísimo esto. Acostumbrado como estoy a que La Riviera sea una extensión del salón de mi casa, hoy he constatado que llevaba sin ir desde el 15 de diciembre de 2019, cuando Morgan. El detalle definitivo de que definitivamente ha pasado algo muy chungo.

Pero lo estamos superando. Echaba hasta de menos pagar 11 pavos por un puto mini de cerveza. Son ese tipo de cosas que no sabes que añoras hasta que te faltan. Y el frío de la puerta a la orilla del río. Todo eso. Rituales cotidianos que estamos recuperando.

Y os lo voy a contar bien todo. Pues llegas a La Riviera y resulta que tienen habilitadas como una decena de puertas. Y te piden el nombre y el móvil de contacto. Cada cual pasa por su puerta. Luego dentro te sienta un acomodador en tu sector y alzas la mano para que te pongan tu mini de lo que sea.

Todo en un ambiente de cordura fascinante. Porque todos estamos juntos en esto. Se pierden un poco los papeles cuando al fin se apagan las luces, sale la banda y aullamos. Apaga la radio. Espinas. Y mi favorita: No obstante lo cual me sigue gustando el cabaret. Pues ya estaría.

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Llegados a ese punto ya me da igual todo. Estoy en el lugar exacto en el que quería estar. Donde vuelven las noches de rocanrol. Tardes, vale, que eran las seis. Pero noches, en definitiva. Cuesta un mundo permanecer sentado porque esto lo significa todo. Esto era.

Un despelote de rocanrol por la cara, al fin. ‘Odiar’, ‘Mis amigos’, ‘Desde que ya no eres mía’, ‘Qué harás amor’, ‘De nada sirve hacerse mayor’. Yo lo que veo ahí es un grupo de muchachos que se morían por estar exactamente ahí. Y nosotros igual.

Porque este año yo tenía previsto ir, así a la brava, a cien conciertos. Y he ido a diez. Que ya son. Y porque me dedico a esto. De manera que cada gesto es importante, cada reencuentro es necesario. Hacer el previo en los bares de la puerta de La Riviera. Yo soy eso.

Sé que no estoy solo. Porque las canciones son la verdadera vacuna hacia la normalidad. Aportan su lo que sea para que estemos mejor. Y si ir a un concierto siempre fue sinónimo de libertad, a día de hoy lo es muchísimo más. Aullar excitado con otros cienes es vivir.

Porque a ver, se supone que somos como 500 ahora, sentaditos. Y en La Riviera estaban entrando como 2.200. Nada que ver con aquellos años de Platero y Tú y todo aquello en los que no hubo desgracias porque no las tenía que haber y éramos más de 3.000. Estábamos aprendiendo, ahora mejoremos.

‘Cayendo por el agujero’ con coda de ‘Alta suciedad’ de Calamaro. ‘Resaca’. ‘It’s now or never’ con dos cojones. ‘Malas decisiones’. Mi mantra: ‘A todo que sí’. ‘Dispárame’. ‘Hablar, hablar, hablar’. Un concierto de rock, en definitiva, tan sencillo como eso.

Con una banda que se lo pasa genial. Álvaro especialmente. Es un tipo que da alegría que viva del rock porque supura rock. Todos los hacen, entendedme, pero él puto más. Esa pasión que se le va de las manos. Eso es lo que necesitamos.

Viva el rocanrol, ¡Madrí!“, brama Ovidi. Estaba deseándolo el tipo. Es evidente. Es que, joder, no sé si os pasa: resucítame. La vacuna de los huevos será lo que sea, pero yo me siento inmune porque tengo una dosis de rocanrol con la que puedo tirar un buen rato. No demasiado.

Los Zigarros son eso. La vacuna contra la puta mierda que nos rodea. Son los acordes que todos queremos de AC/DC con algo más de melodía seguramente. Con toda la maldita electricidad. Y aún así nos hemos portado todos fetén, porque todos somos fetén.

Y es una sensación maravillosa ir pasado de vueltas. Que la música suene altísima en la cocina. Recuperar cierto desparrame. Que no se nos olvide que podemos perder los papeles con elegancia y sofisticación. Que volvieron las noches de rocanrol.

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