Hablemos de Los Rodríguez

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A veces te obsesionas con movidas y no sabes por qué. Este día Los Rodríguez son la obsesión principal en casa y, al cabo de un porrón de canciones en bucle, resulta que se cumplen veinte años de la muerte de Julián Infante.

Lo desconocía a primera hora. ¿Casualidad? Pues ni confirmo, ni desmiento, porque no puedo. La mente humana es intrincada e inescrutable. De manera que, sea por lo que fuere, hablemos de Los Rodríguez.

A LOS OJOS

Una discografía que empieza con esos treinta segundos de guitarreo ‘rollingstoniano’ urgente ya apunta maneras. Porque ‘A los ojos’ abre el primer disco de Los Rodríguez, ‘Buena suerte’ (1991), lanzado apenas medio año después de la llegada de Andrés Calamaro al aeropuerto de Barajas en septiembre de 1990 en respuesta a la llamada de su por entonces relativamente nuevo amigo Ariel Rot.

Ambos firman esta composición con toda la vocación de petarlo mogollón. El rollo de la rima es a propósito y un poco facilón, pero lo que quiere decir es que cuesta imaginar un mundo en el que un tema como este, con este ritmo cortante y esta letra tan pegadiza, no lo peta al menos un poquito. A su manera lo hizo y por eso estamos aquí.

MI ENFERMEDAD

‘Buena suerte’ suena a disco con los medios justos, los estrictamente necesarios. Suena a eso porque fue así exactamente. La discográfica Pasión se la jugó con ellos con más fe que confianza y la jugada salió solo regular. O razonablemente bien, si acaso, cumpliendo las expectativas por los pelos.

Inexplicable ahora, a toro pasado casi treinta años, pues la limitación de presupuesto se suple con la solvencia de unos músicos para nada novatos y una colección de canciones ganadoras que sí que cumplieron su función para llamar la atención de los personajes necesarios para emprender el camino. Unas canciones que, de alguna manera, se sacrificaron por las que vendrían después y que, con los años, fueron reconocidas debidamente.

ENGÁNCHATE CONMIGO

El triunvirato de canciones que abre el debut de Los Rodríguez se completa con ‘Engánchate conmigo’. Un tema al que no era fácil verle recorrido comercial por la connotación chunga y heroinómana que aún tenía el verbo ‘enganchar’ en el inicio de la nueva década.

Pero terminaron haciendo incluso un playback en un programa fulerillo de TVE, con esa letra tan determinante de Calamaro: “La última vez que te vi terminé bastante mal. Lejos de casa, solo y a las 10 de la mañana. Tu preferiste otro polvo que ofrecían por ahí y tu vecina no ha vuelto a contestarme a mí. No se porqué no estamos de acuerdo y llegamos a mejor puerto. Nosotros nos merecemos aquello que hacemos. Mis amigos me dijeron, Andrés: ¡no te enamores la primera vez! Y no les hice caso”.

SALUD, DINERO Y AMOR

Tras el puente fallido del álbum en falso directo ‘Disco pirata’ (1992), Los Rodríguez dieron forma a la maqueta del que sería su verdadero segundo disco: ‘Sin documentos’ (1993). Llamaron a todas las puertas, pero nadie les hacía caso. Pero por eso nos dicen siempre que no hay que desfallecer y que si creemos en algo tenemos que pelearlo: porque nadie nunca sabe cómo ni por donde ni por qué.

Y ocurrió que fue el director artístico de DRO/Warner Music, Alfonso Pérez, quien recibió la maqueta en el preciso momento, justo cuando se iba de la oficina de vacaciones de Navidad en 1992. Ya que la llevaba en la mano, la puso en el coche y se dijo ‘hostia puta’. Él mismo cuenta en la biografía coral ‘Sol y sombra’ que quedó prendado de la música y de versos como “brindo hasta la cirrosis por la vacuna del sida“. Así que nada, eso: ‘Salud, dinero y amor’.

ROCK PERDIDO

“Voy a intentar escribir el rock de los vicios, voy a intentar escribir el de los sacrificios. Voy a perseguir cada palabra con aliento hasta que al fin se rinda alguna para mí”. No fue single ‘Mi rock perdido’ ni falta que le hace, es de esas canciones que hacen masa en los discos largos, que hacen cemento, que apuntalan.

Igual no luce tanto como el resto, pero me encanta en general. Es un rocanrol directo en el que brillan tanto las guitarras de Ariel y Julián Infante como el pulso en los tambores siempre constante de Germán Vilella. Infatigable.

Aunque lo que me deslumbra es la letra: “Hay mucho rock de mujeres ajenas, de mujeres que nunca existieron. Hay rock & roll de leones y también los hay de corderos. Por eso te pido (amigo desconocido) si ves a mi rock perdido, lo traigas por aquí”.

ME ESTÁS ATRAPANDO OTRA VEZ

Una vieja idea de Julián y Ariel que nunca salía y que viene desde el que iba a ser el quinto disco de Tequila. Esto es, desde principios de los ochenta. Estuvo también cerca de aparecer en el tercer disco en solitario de Ariel Rot, pero tampoco. Nada. Definitivamente, en esta vida hay que saber esperar el momento adecuado de las cosas, algo que cada vez es menos habitual, pues nos come la impaciencia.

Así que un poquito más de una década después, ‘Me estás atrapando otra vez’ encontró al fin acomodo en su forma definitiva de soul-rock-blues turbulento en ‘Sin documentos’.

Como te pille bajo de guardia, estás jodido. A mí me pasó y, claro, cada vez que la escucho, aún pasados los años, me detengo y me cuadro. Tal es su poder. Cuanta elegancia la de Ariel, qué cosa más intangible pero evidente. Y por supuesto me flipa la versión con M Clan, como a cualquier personita de bien.

SIN DOCUMENTOS

Me daba como perecita meter al tema titular en esta conversación, pero el caso es que cuando suena caes rendido. Lo hemos escuchado todos trillones de veces en multitud de diversas situaciones y tiene algo que siempre llama tu atención. Es normal que Calamaro creyera tanto en ‘Sin documentos’ como para plantearse seriamente llevarse la maqueta a Argentina si el disco no salía en España con buenas condiciones para todos.

Pero salió y ese fue el punto de inflexión. Por aquel entonces alguien estaba aún inventándose sobre la marcha toda esa movida del rock latino. Fuera por eso o por su originalidad entre rumbera y rockera, el caso es que la cosa reventó y ya sí. Ya Los Rodríguez se salieron con la suya y se afianzó en el imaginario colectivo el rollo del rock torero y tal (que ya venía de Gabinete Caligari y más allá). Llámalo X: esto es un temazo inevitable.

TODAVÍA UNA CANCIÓN DE AMOR

El tercer disco ya lo grabaron bien de verdad, en El Cortijo de Málaga con el afamado productor Joe Blaney. Con el apoyo total de Warner Music facturaron una buena cantidad de sencillos radiables que, de hecho, se radiaron a saco y sonaban en los bares incesantemente. Entre ellos: ‘Milonga del marinero y el capitán’, ‘Aquí no podemos hacerlo’ o ‘Mucho mejor’.

Aunque, si tengo que elegir entre mis recuerdos, me quedo contigo. O sea, con ‘Todavía una canción de amor’. Una de esas canciones que nunca fue una medianía, que siempre fue grande. Una canción de esas que va cogiendo cuerpo con las estrofas y que se eleva literalmente con un estribillo formidable.

Por aquellos años, Los Rodríguez encontraron en Joaquín Sabina a un buen compinche de tropelías y terminaron siendo sus teloneros. Y tan compadres se hicieron que hicieron este tema juntos en la tele. Y yo creo que es mi favorita del grupo en general, seguramente: “Estoy tratando de decirte que me desespero de esperarte. Que no salgo a buscarte porque sé que corro el riesgo de encontrarte”.

PALABRAS MÁS, PALABRAS MENOS

El tema titular del álbum es un poco brutote. Rock bombonero, me sale. Por La Bombonera de Boca Juniors, se entiende. Es un poco futbolero. A como suenan las hinchadas en Sudamérica, concretamente, pues no suenan igual en la Premier, el Calcio o en España. Es rock urbano a la argentina, porque no suenan igual las calles de Buenos Aires que las de Madrid. Rock putón verbenero (esto sí es universal).

Es un tipo de festividad también muy de Tequila, con una letra escasa como en los viejos rocanroles de cuando el rocanrol escandalizaba a los papás y las mamás. Tiene un punto tribal muy marcado por ese ritmo de tambores que se te va clavando en la espina dorsal y te maneja como a una marioneta y ya solo quieres pegar brincos y gritar ¡palabras más palabras menos! derramando cerveza contra los de tu alrededor. Con amor.

PRINCESA

Evidentemente, no es de Los Rodríguez. Pero desde que dijeron ‘hasta luego’ a finales de 1996, no se supo nada de ellos hasta que igualmente a finales de 2019 grabaron una versión de ‘Princesa’ de Joaquín Sabina los tres miembros vivos de la banda: pues Andrés, pues Ariel y pues Germán. Ya dijimos al principio que este 4 de diciembre se cumplen veinte años de la muerte de Julián y que segura e inconscientemente ese ha sido el impulso de todo esto.

La cosa es que ‘Princesa’ era precisamente de las primeras canciones que ensayaban los cuatro en los locales de Tablaba 25, en Tetuán, en Madrid, a finales de 1990. Todo ocurre a finales de año, parece ser (bueno, esta se grabó antes, lógico). De manera que es guay y muy simbólico que el regreso de Los Rodríguez taitantos lustros después sea precisamente con una de sus composiciones fetiche de siempre.

Es una buena forma de rematar esta charla para nosotros y, para ellos, un punto interesante para retomarlo. ¿Por qué no? Ya sabemos que cada cual tiene sus planes, pero tras un 2020 tan de mierda como este, el futuro aparece de repente como repleto de oportunidades. Molaría.

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