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Coldplay: Music of the Spheres

Críticas Discos
Esa banda de la que usted me habla

Cualquier parecido de Coldplay con Coldplay tiene que ser necesariamente criminal en ‘Music of the Spheres’. No puede ser circunstancial. Algo turbio hay ahí para que esta sea la banda que todos conocíamos y que más o menos nos podía gustar.

El resumen rápido es que se entregaron al mainstream y en eso fueron libres. Bien por ellos. Pero ya cuando te encuentras con canciones como ‘Biutyful’, en la que directamente son los Pitufos, pues no sé. ¿Quién le dijo a Chris Martin que tuvo alguna vez un falsete bonito? Si lo tuvo, que no me lo parece, aquí no está. Y llevado al extremo, pues, lógicamente, da terror.

Que varias canciones se titulen con un emoticono ya es de locos. Una de ellas, es que arranca con unos olé olé olé (sí, esos que berreamos en los conciertos a veces) pregrabados que es que no sabes qué sentir. ‘People of the pride’ pretende ser como la roca del álbum, pero se parece tanto a una versión fulera de ‘Beautiful people’ de Marilyn Manson que descoloca.

LA SORPRESA

Pero volvamos atrás. Coldplay son hijos de lo que son y, en su momento, se lo montaron bien. Tiremos de hemeroteca propia: yo les vi en La Riviera en 2002. Como tantas otras veces, salí pensando que aquello era pequeño para estos cuatro. No era difícil acertar. De ahí pasaron a Vistalegre, que me lo salté por lo que fuera. Pero reincidí en el Palacio de los Deportes en 2005, ya totalmente entregados al manierismo boniático. Bien.

Una banda aspirante creciendo a su ritmo, pasando por cada espacio, siempre llenando. Cada uno a su rollo, pero hay cierta unanimidad en que ‘Parachutes’ (2000), ‘A rush of blood to the head’ (2002) y ‘X&Y’ (2005) están bien. ‘Viva la vida’ (2008) también, pero ya se apreció ahí cierto elefantismo que igual provocaba deformidades incurables. Cuando descubrieron las pulseritas de colores, todo terminó de irse al garete con ‘Mylo Xyloto’ (2011) que, bueno, no era todo malo.

El rollo introspectivo de ‘Ghost stories’ (2014) moló más, una vuelta atrás, pero resultó ser un disco de transición. Joder, pues más así. Que no hace falta liar tanto pifostio cromático para que las canciones estén bien. Pero nada, Coldplay estaban ya hacía demasiado tiempo decididos a llenar más que nadie (más que U2 a poder ser, aunque ya no se parezcan en nada a los irlandeses). ‘A head full of dreams’ (2015) pues vale y a ‘Everyday life’ (2019) lo mató la pandemia y nadie supo comprenderlo a tiempo.

Tampoco se trata aquí ahora de analizar al detalle la discografía de Coldplay, porque eso sería un marrón guapo. ‘Music of the Spheres’ (2021) es un espanto. Eso sí hay que decirlo alto y claro. Es, en cualquier caso, la culminación de un distanciamiento durante el que los fans digamos más viejos ya no reconocen nada de lo que hubo, mientras que los nuevos aceptan estupendamente colaboraciones con BTS y Selena Gomez.

Esa banda de la que usted me habla puede ser cualquiera. Y, de hecho, cualquiera lo es, tampoco es la primera en alejarse drásticamente de sus primeros discos. Ocurre como con las personas. Que la primera impresión es perpetua. Por eso cuesta cambiarla. Y tampoco hay ninguna banda en el universo pop de su generación de la envergadura de Coldplay. Es por eso, precisamente, que cada nuevo movimiento provoca estupor tectónico. Al menos Chris Martin se ríe de sí mismo en Modern Family.

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Lo que más mola de ‘Music of the spheres’ es, casualmente, el primer single. Porque ‘Higher power‘ podría ser perfectamente de A-HA en 2021. Colaborando con The Weeknd, como es el caso, o con quien hiciera falta para resultar contemporáneos. No en vano, suena a ‘Blinding lights’ de The Weeknd, la canción más escuchada de 2020 en todo el mundo, tal es la intención de los ingleses.

Si no estuviera firmado por Coldplay, ‘Music of the Spheres’ sería un disco de pop de éxito. Estando firmado por Coldplay, es un disco de pop de éxito al que le rodea la polémica. Y si estamos aquí comentándolo es porque tuvieron el arrojo de dejar de ser lo que fueron y convertirse en algo nuevo totalmente diferente. Una distancia con aquello que se acrecenta con cada lanzamiento. Sirva esto último tanto para aplaudir por su valentía como para acojonarnos por lo que vendrá. Es Coldplay y así está bien.

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