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Thunder (2022) Hard Rock Hotel. Madrid

Crónicas

Thunder han pasado por Madrid. Siempre que alguien habla de bandas infravaloradas, pienso en Thunder. Y cuando hablamos de bandas desafortunadas, igualmente pienso en Thunder. Encima, para más desgracia, si buscas Thunder en Google lo primero que te sale es la canción de Imagine Dragons que es, como no podría ser de otra manera, una porquería. Nunca truena a gusto de todos.

Pero volvamos a lo de la mala suerte. Supongamos que tienes un primer disco de éxito en 1990, ‘Backstreet Symphony’. Y que te dicen que lo vas a reventar porque tienes a un cantante y a un guitarrista que lo flipas. Danny Bowes y Luke Morley: vaya par de dos, una pareja del rock predestinada para reinar. Pero no siempre truena después de un relámpago.

‘Backstreet Symphony’ iluminó el cielo del rock hace 32 años. Llegó al número 21 de ventas en Reino Unido y al 114 en Estados Unidos. Oye, que eso es mucho más que la media en un momento, recordemos, en el que se vendían muchísimos discos. Con las cifras en su Inglaterra natal en la mano, plantearon el asalto al mercado del hard rock norteamericano.

Y mira que el segundo disco, ‘Laughing on Judgement Day’ (1992) llegó al 2 en Reino Unido. Pasote eso porque, como decíamos, se vendían muchísimos discos entonces. Para el salto a Estados Unidos incluso grabaron el videoclip de ‘Low life in high places’ en la azotea de un rascacielos, por la noche. Al más puro estilo ‘Don’t cry’ de Guns n’ Roses, que eran la banda más grande del planeta con permiso de U2.

Parecía que la estela del gran hard rock ochentero iba a indicar el camino para siempre y que Thunder serían el estruendo definitivo. Pero la tormenta cambió de dirección con el viento y las previsiones meteorológicas se fueron a la mierda por la irrupción la tempestad final: el grunge. Semejante lucha atmosférica evaporó todo lo anterior y Thunder se hicieron viejos antes de tiempo.

El sueño americano se alejaba al mismo tiempo que la larga melena rizada de Danny Bowes se quedaba en un peinado cortito de lo más convencional. Cuando nadie más te pueda joder, te joderá el rocanrol. Pero tú seguirás. Toda la vida junto a Luke Morley y tus otros compinches, defendiendo esa forma tan británica de hacer rock que nunca podrán copiar en América. Son las mismas formas, pero es como si fuera otro sistema métrico.

No sé conducir por la izquierda, desconozco a cuanto está la libra esterlina. Pero comprendo todos los códigos de Thunder. Les he seguido toda mi vida y les he visto aquí en Madrid en 1997, 2007 y 2017 (en el Garage Sound fue donde Danny me mandó callar por gritar antes de tiempo en primera fila). Y el miércoles pasado les pude ver cara a cara en un showcase para prensa en el lobby del nuevo Hard Rock Hotel de Atocha.

El caso es que algo pasa cuando, por mucho que sepas que has ido para eso, aparecen por ahí con total normalidad un par de héroes personales. Danny Bowes y Luke Morley en 2022, tanto tiempo después, para hacer un acústico. Y empiezan con ‘Backstreet Symphony’. Y estás ahí plantado frente a ellos y, sabéis, sí. Entonces sí, la tormenta perfecta: relámpago y trueno en tu puta cabeza.

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Te quedas inmóvil porque te están mirando a los ojos de esa gente y te dices oh, vaya, aquí hay una historia del rock en este momento. No hay nada más que un cantante y su público. Te vi en 1997, le dije. “¿Really?” Pues sí. Estamos jodidos tanto tú, como yo. Pero he venido a conocerte y ahora me conoces. Ha llovido y hace sol en Madrid. ¿Ves aquel arco iris? Va a salir y somos Daniel y David. Hace tanto de todo. Pero somos nosotros y estamos aquí. ¿Ahora qué hacemos? Pues decirlo viva voz y beber una cerve.

Es así como hacemos las cosas en Carabachel. Donde nos vimos la primera vez, pues yo sigo aquí, waiting. Porque ‘I’ll be waiting’. Thunder siempre tienen nuevas estupendas a lo Bad Company, a lo Free, a lo Faces, pero mejores. Solo que no estuvieron en el momento correcto. Y se les caen de los bolsillos. Todas. Y las tocan. ‘Dancing in the sunshine’ es resucitar’. ‘River of pain’ es tan vieja como me gusta y ‘Love walked in’ era la puerta que no fue en los primeros noventa. Un himno rock.

Debo ser la puta única persona del planeta que vio el relámpago y sabe que hubo un trueno en algún lugar. Pues que sepáis que fue aquí.

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