havalina sala el sol

Havalina (2021) Sala El Sol. Madrid

Crónicas
Las hojas secas que se niegan a caer

No pueden las hojas secas aguantar la caricia de las más delicadas manos. Caen desde los árboles solo con el aliento lejano de nuestro anhelo. Cada vez que nosotros las pisamos despertamos sensaciones, recuerdos y olores. Pero, con cada pisada extraña, quedan definitivamente pisoteadas esas mismas sensaciones, recuerdos y olores.

Temes saber que las hojas secas solo pueden caer y que el tiempo para caminar sobre ellas escuchando nuestro otoño es limitado. Porque por ahí vienen los barrenderos perfectamente equipados con esos horribles y ruidosos bazokas de aire, levantando la ventolera que amontona todas las hojas, que tritura los recuerdos que habitan en ellas.

No nos ven. Los barrenderos no ven que estamos atrapados dentro. Nadie se da cuenta de que solo somos hojas secas en torbellino alrededor de su influjo. Nos limpian de las calles y nos termina engullendo el camión de la basura. Las hojas secas son nuestros sueños barridos por la realidad en nombre del ayuntamiento. No hay tiempo para el otoño en la ciudad. No hay lugar para nosotros en este desierto, solo somos basura que arde.

“De tu dolor ya no queda nada. Y ahora hace tanto que se perdió toda tu luz, todo tu encanto. Ahora sueñas con volver pero temes saber que las hojas secas solo pueden caer”, canta Manuel Cabezalí en una Sala El Sol en estuporoso silencio. Pero la canción explota, la banda estalla, el suelo se abre bajo nuestros pies. Es el tormentoso centrifugado de la destrucción y revoloteamos con Havalina mientras nos desintegramos.

Porque el trío madrileño celebra con dos veladas en Madrid el décimo aniversario de ‘Las hojas secas’ (2010). Disco tan aclamado como devastador. Con tanta profundidad sonora como lírica exterminadora. Canciones aparentemente sin esperanza entre las que resulta improbable dar con un resquicio de luz con el que traspasar el muro de sonido. Pero si estamos aquí está noche es que todavía tenemos una oportunidad.

Las hojas secas y podridas que somos al final de cada relación fallida siguen vivas cada vez que suena aquella canción. No ha nacido quien pueda barrernos de ‘Punto de reconciliación’, ‘Objetos personales’, ‘Tu ciudad’, ‘Síndrome de culto’, ‘Desierto’, ‘Ley de la gravedad’, ‘La pared’, ‘Mordiente’ o ‘Mamut’. Habitar en cualquiera de ellas te ayuda a adquirir consciencia de tu propia fragilidad y llegar a ser, por tanto, de alguna manera irrompible.

Hay tiempo para un par de versiones de Black Rebel Motorcycle Club y Jeff Buckley pero, más allá de estos recovecos inesperados, el repertorio se limita al disco sacado del baúl de los recuerdos por una noche. Por esta noche. Y nos despedimos precisamente ‘Por la noche’, epítome del rock progresivo, golpeador y atmosférico de Havalina, contemplando las hojas secas que se niegan a caer desde las ramas de los árboles. Eso no quiere decir necesariamente que se vayan a salvar, pero hay luz en su determinación. Y sonreímos inesperadamente diez largos años después.

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