Conciertos míticos comentados del tirón: U2 en Sidney 1993

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Me paso la vida pensando en hacer cosas estúpidamente diferentes. Y esta es una idea vieja que me ha vuelto este domingo porque sí. Al lío: comentar viejos conciertos sobre la marcha. Grabados, se entiende, porque ya pasaron, ya nadie se acuerda, ya solo quedamos los de siempre.

De manera que la idea es que me clavo el concierto de turno como si estuviéramos en una keli y lo vamos comentando con más etilismo que elitismo. Seguramente sea al revés, porque par eso somos los irreductibles, pero que estamos de cachondeo.

Imposible saber cuantas malditas veces vi la grabación del ZOO TV de U2 en Sidney. Me la grabó de Canal+ (un saludo al puto Julián Ruiz de los huevos) el Isra, buen amigo del cole que ahora anda de funcionario judicial por la sierra madrileña.

Era cuando tenías que pedir este tipo de favores para alimentar tu misterioso fanatismo. Ahora no hay misterio ninguno: lo he buscado en YouTube y ahí está. Lo tengo en VHS y DVD, por quién coño me tomáis. Pero me da pereza toda la parafernalia.

Lo veo y recuerdo que me flipaba todo. La entrada de Bono, por supuesto: no se puede ser más jodida estrella del rock. Irlandés, encima, qué cosa más insospechada, carajo. Ahí, con el piti, con el fondo azul de la UE (toma Brexit), el rollito karateka, la actitud de vengo a cantaros porque soy el puto amo.

Toda esa mierda que tienes a los treinta y luego se va. Que luego se va, que luego te mueves lento y raro y meterte en un traje de vinilo negro es raro. Con treinta, sin embargo, se puede con todo. Y me quedo engatusado como un panoli contemplando la apertura con ‘Zoo Station’.

Y luego ‘The fly’. La puta mosca. Me influyó muchísimo en todo, estaba en el instituto y era lo máximo. Y el puto solo de The Edge, mother mine. Y Larry Mullen con barbita y Adam Clayton siempre en mi equipo con una resaca que le impidió tocar la noche antes, algo inédito en U2 hasta y desde entonces. No sé, supongo que todo esto junto es para mí el rocanrol.

“Welcome to Zoo TV”, dice el payo y nos clava la chapa de la televisión. La verdad es que ‘Even better than the real thing’ es de las primeras que me camelaron de lo lindo del ‘Achtung Baby’ en un tiempo en el que necesariamente buscas electricidad. No tienes tiempo para gilipolleces, quieres meter los dedos en el enchufe. Y este era mi enchufe.

Con Bono, además, haciendo un curro impecable tirándose delante de los fotógrafos en la tercera canción, como procede. Regalando primerísimos planos y fotazas de la hostia. No como tanto mierdero que no les deja hacer su curro a los de las cámaras y que luego que si las fotos son malas. Por favor, pensemos: si les vas a dejar hacer fotos en tal canción, pues entrégate a ellos, que es un win win. Esto lo aprendí con el tiempo y ahora que lo veo me parece extremadamente pro. Con la handycam, por cierto, que en su día era el no va más de la tecnología y menudo mostrenco.


Hostias, había literalmente olvidado ‘Misterious ways’. Pero es que en esta gira sí molaba. Claro, porque era la primera y porque ahí está Morleigh bailando para su futuro Edge. Y porque cuando Bono, impecable en voz y actitud todo el jodido tiempo, hace por tocarla, tiene una plasticidad fascinante. Y qué bonito aúlla por la que sería esposa de su tronco. Podría ser rarete, pero son rockeros, tampoco le demos mayor importancia.

Por supuesto este ‘One’. Vaya pedazo de pose. Vaya perfil. Vaya pelazo (de verdad) mojadete hacia atrás. ¿Sabéis lo que tiene ‘One’? Que me parte el corazón siempre, no sé por qué. Y si viene después Bono a cantarte bajo tu ventana ‘Unchained melody’ pues ya para qué queremos más.

Este concierto me hizo ser lo que soy hoy. Todo lo chiflado y disparatado que sea, pues eso. Meses antes mi primer gran concierto fue este en el Vicente Calderón de Madrid. Y no hay puto día que pase por Pirámides y no me acuerde de dos cosas: de un Atlético – Parma con Faustino Asprilla y del 22 de mayo de 1993 con U2. Y de que vendí pizzas allí en la temporada 1998-1999 y los de Ketama siempre compraban y daban propina.

Todo eso para mí es viajar hasta el fin del mundo. ‘Until the end of the world’ no puede ser más Jim Morrison, solo que el irlandés no se atreve a sacársela. Mejor para todos, en cualquier caso. Qué maravilla de todo, no soy para nada objetivo, de este tramo me gusto todo a morir y ya. Me impresionó genuinamente cuando el cantante se arroja contra el gentío. Pensé: hostia puta esto mola que te cagas tíos. Pertenezco aquí.

Esta misma mañana le he dicho a Clara “mira papá va a caminar como un chulito”. Y con mi chupa de cuero, mis gafas de sol, era ese instante. ¿Acaso creéis que es casualidad que me haya dado por comentar este concierto? Todo viene de un instante fugaz que llevas dentro y te determina. Y camino como Bono mejor que Bono, también os digo. Dando las palmas en ‘New year’s day’ incluso. Qué vieja era esta canción entonces y, ya veis, de las mejores de la última gira inesperadamente.

Somos tan pollavieja que me divierte. Me enroco. Qué bien gime aquí el amigo mientras se ladea con la chupa que le queda pequeña. Es acojonante ver estas cosas con el paso del tiempo porque redescubres la influencia en absolutamente todo más allá de las canciones. Que son la base, pero desde ahí se contruyen vidas enteras aferradas a una serie de ideas.

‘Numb’ es un coñazo. Te desafía, pero es un coñazo. Y además ahora viene lo mejor, lo cual es un despelote teniendo en cuenta lo anterior. Porque se viene el escenario canijo en medio del estadio que U2 inventó en esta gira (no me consta nadie antes, pero contadme si acaso). Este ‘Angel of Harlem’ me pone contento siempre y está ocurriendo ahora que se ha levantado el pequeño de la casa y bailamos en la cocina. So long.

Ya os he hablado antes de mi padre pero voy a volver. El hombre se ha visto este directo más que cualquiera de nosotros y ni lo recuerda. Le daba igual con tal de tenerme a su lado con mi bocata de nocilla con mermelada de fresa (genialidad de su autoría, pensábamos entonces). No puedo ver este vídeo sin mencionarle, pues se pasó todas las tardes de 1994 y 1995 y quizás 1996 viéndolo cuando regresaba del instituto. Y se me acaba de ocurrir que en 1997 quizás lo echó de menos y me está dando una pena horrible. Voy ir a la vieja casa de mis padres y se lo voy a poner y me voy a sentar a su lado, a sus 88. Seguro que no dice nada porque es un hombre de los de antes, y un poco así soy yo por eso, pero es imposible que se haya olvidado de este ‘Stay’.

Me entran ganas de llorar con este ‘Stay’. Es como la perfección udosera en todo. En epifanía, en grandilocuencia, en calidez y cercanía. En ejecución, en un público radiante. Igual pasa que en 1993 todos dábamos más luz que ahora y no nos damos cuenta, ojo con eso. Estoy viendo a Bono cantando con su guitarra negra y no sé ni lo que siento. Estoy apretando los puñitos para entenderlo pero no lo pillo. Igual es amor, igual es que estoy constatando por enésima vez lo rápido que nos vamos y quiero agarrar un momento imposible.

Se acaba ‘Stay’ con todo ese estadio abierto en canal y la preciosidad de ‘Satellite of love’ con Lou Reed en la pantalla gigante. Es otra cosa que nadie había hecho, un dueto virtual. Y lo hicieron U2 y Lou Reed, que no se nos olvide porque para estas alturas ya llevo varias cervezas más y estoy más blandito. Lo aviso porque seguro que se va a ir notando de a poquito. Pronto el aparcamiento de Marte estará lleno de coches.

Mi momento favorito es ‘Dirty day’. Yo no conocía a Charles Bukowski pero mi novia de entonces, con la que estuve casi diez año y me compré a pachas un piso que ahora alquilo en solitario porque ya no cabemos y no puedo vender, esa, me regaló ‘Hollywood’. Mi fascinación fue instantánea mientras contampleba a los caballos corriendo sobre la colina como los días que se nos escapan. Todos somos putos días running over the hills y de nuevo el perfil griego de Bono aquí.

‘Bullet the blue sky’ es lo que exijo a U2 por profundidad y por pegada. Un blues rock rotundo que te cagas que yo buscaba con la aguja en el vinilo del Joshua de mi hermano mayor. Y cuando caía sobre el final de ‘With or without you’ me ponía de una mala hostia que flipas porque quería obviar ese tema. Cuanto músculo, ¿no? Es como sacar molla y que te revienten las venas del brazo. Corriendo hacia los brazos de América (bueno, Estados Unidos, pero ya sabemos que para estos los anglos se equivocan mazo).

Me doy cuenta ahora de que llevo toda la vida ‘Running to stand still’ y esto de todo menos quieto y tranquilo. Es hipnótico este tramo heroinómano al que sigue una armónica bluesera y luego ya la vida eterna: ‘Where the streets have no name’. No puedo añadir nada más a mi canción favorita, con la que irremediablemente lloro de felicidad cada vez. Y aquí, aún sin ser una de las interpretaciones absolutamente portentosas de las giras de finales de los ochenta, sigue sobresaliente. Empieza la intro y, ¿sabéis lo que me pasa?: que alegremente me rindo y como quiero que todos os rindáis conmigo, estoy poniendo a prueba la resistencia de mis vecinos.

Ahora mismo, a las 18:11 del domingo 8 de marzo de 2020, nada me gusta más que, por este orden: el hijo 1, ‘Where the streets have no name’, el hijo 2, el señor Mahou, Bono con americana, la persona con la que duermo cada noche, el hijo 3 y quien sea que haya llegado hasta aquí. Anda, cómo corre Bono ahí todo pose hacia un lado para dar paso a ‘Pride’ cuando ‘Pride’ solo tenía nueve años. Pero vamos a ver, cómo puede esta canción tener ya 36 años y que no salgamos a manifestarnos: para que dejen de tocarla y, a su vez, para reivindicarla eterna.

Me reconozco claramente en esos estadios que corean rebosantes. Tengo una costumbre, desde entonces y desde siempre, que es mirar a los graderíos cuando estoy en pista para así tomar el pulso a lo que estamos colectividad sintiendo. Las gradas te dan la temperatura: cuando el gentío está en pie y desatado, lo tienes; cuando aplaude ceremonioso, tambien lo tienes: cuando se enfada porque los de delante se levantan o hacen fotos, tenemos un problema mental tremendo. Esas cosas.

Oh sí, la hoz y el martillo. Hostia puta el comunismo de U2, eh. Y la ópera del padre de Bono. Y entonces sale McPhisto y es como guau. Qué disparate de gente, qué alegría sin convencionalismo alguno. Los cuernicos, la camisa roja, el traje doradísimo como el dios dorado que es. La chulería, la condescendencia. El cantar a tu hijo entonces inexistente y que, como contamos el otro día, ahora es el cantante de Inhaler (y que no están mal, no están mal, digámoslo).

Papá va a pagar por tu coche estrellado pero no seré yo porque ni quiero ni puedo ni me da la maldita gana. Cuando conduzcas te lo pagas tu y cuando seas padre comerás huevos. Es un deleite desfasante ver esto ahora, la verdad, tanto tiempo detrás, y sentirte en casa para terminar una semana en la que demasiadas cosas no fueron exactamente fetén. A Bono le gusta llevar tacones como a El Fary, por otro lado y dicho queda. ‘Daddy’s gonna pay!’ grita el cantante y el bajista se achanta.

La llamada de teléfono fue no ya pionera, sino irrepetible. En Madrid al Hotel Ritz donde el ‘dress code’ de una banda de rock fue un problema. No hay lugar más repugnantemente caspa en esta nuestra ciudad, por otro lado. Y luego resulta que estos son los días en los que buscamos a alguien. En medianoche, que es cuando el día empieza, nos quitamos los cuernos de los disfraces y sencillamente bailamos: ‘Midnight is where the day begins”.

No te puedes librar de ‘With or without you’, no puedes. Pero también os digo que esta interpretación llorica es superlativa. La de las giras previas era rabiosa y fuera de control, pero sí que opino que aquí encontraron el tono necesario. Hay que ponerse tontorrón para que tenga sentido lo que cantas. No me salen más palabras ahora mismo.

‘Love is blindness’ es el mejor final ever. Esa solemnidad, ese aparcamiento vacío. Ese recitado, esa base rítmica, esa guitarra de The Edge que te lleva hasta el punto. Hostias, esa fan que baila, es verdad, si me la cruzo por la calle la reconozco. Ese abrazo ciego. ‘Can’t help falling in love’ es el enésimo disparate de un concierto perfecto. Es, bastante, mi nana preferida. Me la canto yo mismo cuando me canso de cantar cabras. No sé lo que veis vosotros, pero yo veo el cielo entero con Vallecas al fondo desde Carabanchel. Y me gusta pensar que, bajo esos tejados, en esas terrazas, todos a la vez nos detenemos un instante para escuchar a Elvis.

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