bryan adams illescas

Bryan Adams (2022) Illescas (Toledo)

Crónicas

Un rotu y un cartón. Es muy asumible esa inversión para hacer una noche para recordar. Eso se dijo ella. Y procedió a escribir lo siguiente: “Bryan, let’s make a night to remember’. Es una aspiración importante. Ambiciosa. Pero salió de su casa con su cartón pintarrajeado y una intención nada deshonesta. Muy al contrario: honestidad brutal. Podría no haber pasado nada pero, a mitad de concierto, el cantante estuvo de acuerdo. “Voy a tocar una por petición de esta lady de aquí delante”, dijo. Y solo con su guitarra interpretó ‘Let’s make a night to remember’. Ojalá todas las noches sean noches para recordar. Puede pasar. En Illescas pasó con Bryan Adams.

Que todas las noches sean noches de boda, canta Sabina. Eso sí que es apuntar alto, ja. Picardía mediante y asumiendo la imposibilidad del fenómeno, aspiremos por lo menos a noches para recordar. Es cuestión de intención, como ya hemos visto. Tan bonito así. Aquella noche de verano que nos bajamos a ‘el bolo’. Aleatorio e improbable todo, porque no deja de tener su punto jocoso lo de Bryan Adams en Illescas. No se atrevió a decir el nombre, tan complicado sin duda para un canadiense, aunque sí tiró de España y spanish recurrentemente. Sea donde fuere o fuese, el escenario se ve desde la A-42 al llegar y somos como mosquitos a la luz azul esa que les caza. Es el circo del rocanrol, ansiamos recuerdos noctámbulos.

El rocanrol nos propicia esa puerta a cierto tipo de libertad que recordamos. La niñez, tal vez. La adolescencia, seguro. Bryan Adams por ahí sonando en la radio entre tantos otros que definen lo que somos en 2022. Poquita cosa, pero seguimos siendo, que no es poco tampoco. Pateamos culos contra todo pronóstico. ‘Kick ass’: una divertida declaración de intenciones que convierte a Bryan en un ángel salvador del rock y de los buenos tiempos. Eso dice el socarrón vídeo introductorio que se hace carne a todo volumen por la vía rápida. Y, como todos sabemos, ya no podemos parar algo que hemos empezado. Rock mayúsculo es ‘Can’t stop this thing we started’.

‘Somebody’ del pasado, ‘Shine a light’ del futuro. ‘Heaven’ de la prehistoria lacrimógena’ con ese solo de guitarra para las que nacieron en los primeros setenta. De las nuevas suena ‘Go down rockin’, guitarreo perenne bien recibido en una audiencia tan absurdamente pintona como bien lustrosa con las camis de Def Leppard, AC/DC o Bon Jovi. Somos nosotros, da igual cómo nos vistamos, pero una cosa está clara: esta es nuestra velada de gala. Es que estamos en un concierto de roncanrol de los de siempre. ¡Estamos en casa! No sabemos el tiempo ni el lugar, pero estamos.

‘It’s only love’. ‘You belong to me’ es muy divertida porque es bailar rock de los cincuenta mientras nos enfocan en las cámaras: es todo lo que se puede querer esta noche, creedme. Que la única cosa que mola un poquito de mí eres tú ya se sabe. Así que hablemos del desmayo que hubo en ese momento entre el público, rápidamete solventado. La pena venga a grita guapo y guapo a Bryan y Bryan señalando que había pasado algo, no necesariamente mortal, en las primeras filas. No pasó nada, que sepamos. Fue solo un instante desconcertante mientras la gente le gritaba guapo guapo guapo y él señalaba al otro lado como si nadie pudiera saber.

En los conciertos en vivo pasan cosas. Yo vi, no se lo digáis, un porrón de fallos. Tan adorables en su imperfección como nosotros. Una canción de rock son nuestros pies torcidos pero intentando caminar en parelelo. Su única oportunidad de cruce es esta noche. Una noche para mí, qué bien. Para nosotros. Es tan personal Bryan Adams y no nos queremos dar cuenta a veces. ‘You belong to me’. ‘The only thing that looks good on me’. ‘¡18 hasta que me muera!’ Estamos vivos.

Bueno. Para terminar de recordarnos la relatividad del gozo, alguien se desmaya. Tanto, que el concierto se para. En un lado, desde donde no ven lo que pasa, le gritan “guapo guapo”. Bryan les mira y les señala hacia nuestro lado como diciendo no seáis notas, por esta vez, que os quiero mazo, pero pasan cosas por aquí. Me sorprende siempre la facilidad para todo en un concierto de rocanrol: para el desmayo, la resurrección y la sublimación. Es que es un concierto de rocanrol.

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Resulta curioso cómo el mismo show cambia desde febrero en el WiZink Center de Madrid hasta julio en Illescas. Gana en naturalidad. El público ya de por sí acude diferente. Exigente, qué coño, que ha pagado su buen dinero, pero hay algo ahí en esa ecuación que relaja el ambiente. Pues me gusta más Illescas. Pero mucho. Porque es un viernes de julio en el que todo nos da igual. No hay tanto viernes al cabo de una vida que te digan eso. Hay muy pocos. Y nos los perdemos a veces porque somos gilipollas.

‘The only thing that look good on me’. Alguien se desmaya en las primeras filas. Tenemos cuidado todo de todos. Eso es lo más importante y así se hace. Bryan para el conci y esperamos hasta que todos estamos a salvo. No estamos a salvo, por contra, del atentado de ‘Have you ever really loved a woman’. Entre el público hay camisetas de Def Leppard, AC/DC y Bon Jovi.

Regresamos al rock con ‘Back to you’ y toda la banda apretando el acelerador con júbilo. Ahí está el sempiterno Keith Scott (su guitarra literalmente desde siempre, qué guay) y ahora a las baquetas el nuevo Pat Stweard, que no veas cómo golpea. Junto a ellos el bajista Solomon Walker, ‘novato’ fichado en 2017, y el teclista Gary Breit, incorporado en 2002. Se lo gozan y extienden la alfombra sonora para que el líder desfile y se luzca con firmeza, seguridad y elegancia.

“Voy a tocar Let’s make a night for this lady”. Se nos rompió el amor, de tanto usarlo. Seremos infantes menores de edad hasta que muramos. La chavalería quiere rock. ¿Te acuerdas del verano del 69? Corta como un cuchillo. Nos hace tan felices que duele y, por eso, corro hacia ti. Aquellos días locos vuelven si queremos que vuelvan. Yo os vi. Sé que estabais más allí que aquí. ‘Run to you’. De todo eso va esto llamado rocanrol. En aquel ‘Summer of 69’ todo podía pasar. También puede ocurrir todo en el de 2022: Bryan Adams puede ir a Illescas y hacer justicia entre tú y yo. Y hacernos una noche para recordar. Qué bien.

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