bruce springsteen madrid 2012

Bruce Springsteen & The E Street Band (2012) Santiago Bernabéu. Madrid

Crónicas

Lugar: Estadio Santiago Bernabéu. Madrid
Fecha: 17 de junio de 2012
Asistencia: 60.000 personas
Precio: 69,10 euros
Artistas Invitados:
Músicos: Bruce Frederick Joseph Springsteen Zirilli (voz, guitarras y armónica), Garry Tallent (bajista), Max Weimberg (baterista), Roy Bittan (piano y sintetizador), Steve van Zandt (guitarras, mandolina y coros), Nils Lofgren (guitarras y coros), Soozie Tyrell (violín y coros), Charles Giordano (teclados y órgano), Jake Clemons (saxo)…

Setlist: Badlands, No Surrender, We take care of our own, Wrecking Ball, Death to my hometown, My city of ruins, Spirit in the Night, Be true, Jack of all trades, Youngstown, Murder Incorporated, She’s the One, Talk to Me (con Southside Johnny), Spanish eyes, Working on the highway, Shackled and drawn, Waitin’ on a sunny day, Apollo Medley, The River, Because the Night, My love will not let you down, The Rising, We Are Alive, Thunder road, Rocky Ground, Born in the USA, Born to Run, Hungry Heart, Seven Nights to Rock, Dancing in the Dark, Tenth Avenue Freeze-Out, Twist and Shout

AQUÍ PUEDES REMEMORAR EL CONCIERTO ENTERO VIDEO A VIDEO. CLICKA.

Este lunes 18 de junio de 2012 Madrid ha amanecido poblada por dos tipos de personas: las que sí y las que no. Las que lo sintieron y las que no. Las que tienen las respuestas y las que no. Las que ahora tienen la fuerza y las que no. Las que pueden contarlo y las que no. Las que van por las calles espídicas todavía con el pitido en los oídos y las que no. Los que pasaron 3 horas y 48 minutos con Bruce Springsteen & The E Street Band y los que, lamentablemente para ellos, no se enteran de nada.

Después de estas 103 palabras espero que el avispado lector haya comprendido que esta es la crónica más subjetiva que podrá encontrar en toda la maldita internet. Ese es el objetivo, dejando claro, para los despistados, que un concierto de Bruce no se valora cuantitativamente (que también), sino en términos de emoción, intensidad, comunicación y entrega a vida o muerte de todos los implicados.

Porque los malos tiempos vienen y los malos tiempos se van. Los malos tiempos vienen y los malos tiempos se van. Los malos tiempos vienen y los malos tiempos se van. La prima de riesgo sube y la prima de riesgo baja. Tu prima la del pueblo se deja bigote y por algún extraño motivo te parece más atractiva.

La economía española dicen los que saben que se va a la mierda, pero en estas llega Bruce, el tío Bruce, y regala a las 60.000 personas congregadas en el Estadio Santiago Bernabéu el concierto más largo de sus más de cuarenta años de trayectoria.

Básicamente es impresionante que un tipo de 62 años, que dirije a una banda también de sexagenarios, estén dando justo ahora todos juntos los conciertos más largos que jamás ninguno de nosotros pudo imaginar. ¡230 minutos, por el amor de Clarence Clemons!

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Y es que de hecho no es un concierto, son varios. Tras un inicio que fue como soltar súbitamente el freno de mano a un coche a 7.000 revoluciones con Badlands y No Surrender, We take care of our own y la épica Wrecking Ball cerraron un primer bloque frenético con el personal ya arrodillado. Vamos, al menos en la valla delantera, donde las pulseritas, donde por supuesto estuvimos porque no podíamos estar en otro puto lugar en este sucio planeta.

Era el día y la hora y no fallamos. Nadie falló, de hecho. Y encontramos mucho más de lo que andábamos buscando. En el primer concierto de la noche destacó sobre manera Spirit in the Night, sacando lo mejor del predicador soulman que Springsteen lleva dentro, de un lado a otro haciéndonos sentirlo golpeando duro el costillar.

Siete canciones y ya habíamos tenido una ración musculosa de rock, folk y soul juguetón. Joder, pues anda que no quedaba. Por cierto, este verano todos de vacaciones a Peralejos de las Truchas, eh, el mejor cartel de la noche.


Be True fue el primer regalo a los más die hard fans, mientras que Jack of all trades puso la nota emotiva con todo el público sacando a relucir sus celulares, un cliché del rock de estadio siempre efectivo.

La dupla Youngstown y Murder Incorporated mostró a una banda sin fisuras, cercana al grunge, con Nils Lofgren luciéndose y saliéndose a lo bestia, con la incalculable ayuda de Max Weimberg, un tipo capaz de llevar el ritmo de un concierto tocando con tres sartenes, dos cacerolas y el cubo de la fregona.

No vamos a pasar por alto el detalle de su parecido físico con Florentino Pérez, algo que por ser el estadio que era hizo no pocas risotadas sólo de imaginar que, joder, ¿y si fuera real?

Un concierto de 230 minutos puede trocearse en diferentes partes a gusto del consumidor, ya quiera filete gordo o finito para que no se atraganten los críos. Pero nosotros ponemos aquí la primera línea roja, pues fue tal la demostración de poder de la banda hasta este punto que el público estaba relativamente apabullado, boquiabierto, atenazado.

Pero ay, amiguitos, cambio de tercio con She’s the One, nuevamente de vuelta al rock festivo que tan tan bien funciona en los estadios con estos muchachos. Incluso una semi desconocida como Talk to Me para el oyente medio, con un semi desconocido Southside Johnny para el oyente medio, volvió a arrancar incansables coros y de nuevo saltos de un público que seguía vaciándose, sin saber que la meta estaba aún terriblemente lejos.

Porque Bruce y sus colegas son siempre míticos por diversos motivos pero, ¿y si lo de ayer fuera jodidamente especial? Lo fue, ¿no? Yo he ido a más de 300 conciertos de todo tipo en mi vida y creo que puedo afirmar que no he visto nada algo igual.


Otro regalito joya para los fans más duros con Spanish Eyes, con pancarta de cartón del Carrefour recogida de las primeras filas. Working on the highway funcionó muy bien, como todas las canciones de Born in the USA, siempre infalibles por el poso que dejaron en su momento, siempre rescatable.

En Shackled and Drawn nos damos una vuelta por el estadio para hidratarnos convenientemente con algo de cebada y comprobamos cómo el personal baila y baila y baila. Descalzo incluso en la parte trasera de la pista, donde el sonido es bueno y potente gracias a un par de filas de altavoces convenientemente colocadas.

Siempre habrá quien diga que en su parte de la grada había gente más bien sosainas, pero desde luego eso no se apreciaba desde abajo en líneas generales. Pero venga, que llega Waitin’ on a sunny day, la canción denostada por los fans que se creen con más derecho a quejarse, pero que funciona de manera genial en directo porque es justo eso, la felicidad de un día soleado.

Por supuesto, hubo numerito con un niño para cantar el estribillo. Se podría reflexionar mucho sobre ese instante en el que los padres alzan a sus hijos en dirección a Bruce en plan Rey León ofreciendo a sus retoños en sacrificio. Pero bueno, dejémoslo en algo gracioso y simpático, no vayamos a ponernos serios.

En realidad, ¿quien no querría ser ese niño y poder decir con el paso de los años que compartió escenario con el rockero definitivo? Porque os voy a decir una cosa, si todos pusiéramos a diario en nuestras tareas el mismo empeño que Bruce Frederick Joseph Springsteen Zirilli pone en la suya, el mundo sin ningún lugar a dudas sería un lugar infinitamente mejor. Yo sueño con eso y lucho por ello, aunque obviamente me quedaré lejos. Pero chicos, por el amor de Danny Federici, no defraudéis a El Jefe. Al menos intentadlo.

El Apollo Medley pone de nuevo el acento en el soul más clásico, con exhibición vocal del equipo corista incluida y lucimiento de la sección de metales (¿y cuando no es fiesta?).

Para terminar este segundo concierto dentro del gran concierto, nota emotiva con The River y la dedicación a Nacho (#vaportinacho), el chaval que perdió su batalla contra el cáncer el pasado 7 de junio y no pudo asistir a este concierto, para el que tenía entradas.

Las redes sociales serán lo que queráis que sean, todavía las estamos definiendo, e iniciativas como esta desde luego dan cierto sentido a tanta confusión. Sus padres y amigos se empeñaron en que Bruce se enterara de la historia de Nacho y, hey, veis, le dedicó una. Y vaya una, al muchacho, entre una sonora ovación (pues casi todo dios estaba al corriente, ese es el poder de la conectividad).

Because the Night sonó petrea, dura, épica. Venga, lo admito, de verdad, a veces es muy muy complicado explicar con palabras esos momentos en los que el mundo se detiene.


Desde ahí hasta el final entramos en el tercer concierto dentro del concierto. Pasan los minutos y empieza a quedar claro que la cosa va para largo. ¿Hasta cuando? ¿Hasta donde? ¿Cómo? Bueno, eso lo vamos descubriendo sobre la marcha, pero mientras tanto sudamos y sudamos y nos desfogamos con My love will not let you down y The Rising.

La gente corea, sonríe, se abraza y es feliz. No nos llegan los brazos para abrazar a toda la gente que queremos abrazar, entre otros motivos porque nos hemos desperdigado. Pero para esto también tiene su parte positiva esa cosa enfermiza que es el Whatsapp, donde uno puede siempre lanzar buenas palabras al ciberespacio en los momentos de necesidad y estar así cerca de quien quiera en cada momento.

We Are Alive supone cierto respiro antes del tiro en la nuca que es Thunder Road. Y punto, lo más, el instante, el momento en el que todo tiene sentido y te son concedidas todas las respuestas. No puedes apuntarlas, pero no las olvides, por favor. Es el rock veraz que nos libera del miedo a vivir. Ya sabes, ese.

Rocky Ground supone el último respiro, el último momento de reflexión antes del acelerón final. Es complicado mantener un sprint durante media hora, pero cuando hay voluntad absolutamente todo es posible. Y Born in the USA, que nunca me gustó en exceso, resulta ser un himno de estadio incontestable (más si le damos sentido personal al grito de Born in Carabanchel, I Was, ya véis, tontunas de los chavales).

Pero como resulta que sobrevivimos milagrosamente al tiro en la nuca de Thunder Road, llega Born to Run en forma de descabello, de tiro de gracia, con todas las luces del estadio ya encendidas hasta el final, dando la sensación de que esto se acaba, pero con todos sabiendo que ni de coña se acaba.

Aunque a algunos les joda el cliché, manitas al aire, puños al aire, incluso corazones sangrientos y latentes al aire. Porque da igual lo que pase después, importa el ahora y tu obligación es gritar y gritar y gritar, es curarte. Es resucitar.

Ni con disparos y descabellos van a poder con nosotros, antes abandonaremos sus cadáveres en cualquier cuneta. Es algo que comprendemos con Hungry Heart, momento en el que Bruce decide que el escenario (espartano, como siempre, con los detalles justos, aunque con unas buenas pantallas con una buena realización y unas largas rampas) se queda pequeño.

Se baja por un lado, pasa por detrás de una valla y prácticamente se sube a la grada de la calle Padre Damián, ante el estupor de los gigantes de seguridad, que con los ojos llenos de pavor comprueban cómo la situación se les va de la mano sin que puedan hacer nada. Las vallas se mueven y a la marabunta sólo le faltaron las antorchas para dejar claro que esto ya no tenía nada que ver con el respeto a la autoridad.

A partir de ese momento, sesión de puertas abiertas en la valla delantera, la de los más madrugadores, pues resultaba imposible controlar la velada.


El tramo final se resume básicamente con la misma idea de que esta es la mayor fiesta del rock que uno pueda disfrutar, con luces encendidas, a cara descubierta, con una banda arrolladora y un maestro de ceremonias incansable.

Seven nights to rock, Dancing in the dark y Tenth Avenue Freeze Out, con el ya tristemente tradicional homenaje a Clarence, esta noche más sentido aún si cabe por ser 18 de junio y cumplirse un año exacto de su fallecimiento.

Aunque parezca increíble, y con ya más de tres horas y media de actuación, todo el mundo parece querer más. ¿Cómo es eso posible? Bien, lo mejor en estos casos es no buscar una explicación y simplemente exprimirse un poquito más.

Siempre he querido saber cuántos kilómetros puede hacer mi coche desde que se enciende la luz de la reserva del depósito. Bien, esta noche estamos dispuestos a descubrir cuántos kilómetros podemos hacer nosotros hasta el desfallecimiento final.

El delirio absoluto llega cuando la banda decide que hay tiempo para una más, un Twist & South inevitablemente certero, un final clásico para centenares de conciertos de Springsteen, que es recibido como lluvia en el desierto. Es el milagro de los panes y los peces.

Tanto que llega un punto en el que comienzas a creer que este concierto es infinito, que no va a tener un final, que va a tener que ser el público el que se vaya marchando paulatinamente, cada uno cuando ya no pueda más. Pero oh, se acaba, oh, se van, a pesar de que todos queremos más y más.

Se acaba Twist & Shout y parece que Badlands comenzó ayer. Y cuando digo ayer no me refiero al domingo, porque eso sí es cierto, sino que quiero decir el sábado. Hace mil años, en otra vida casi. Y ahora mientras escribo esto y me pienso cómo finiquitar estos párrafos, me doy cuenta de que llevo aún la pulserita rosa en la que pone Bruce Springsteen & The E Street Band, Wrecking Ball Tour.

Y me acuerdo de aquellos maravillosos años en los que alguien te llevaba al Parque de Atracciones y tu no querías quitarte la pulsera o borrarte la calcamonía. Necesitabas que al día siguiente todos tus compañeros del cole te tuvieran envidia. Bien, pues espero haberlo conseguido. Gracias.

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GALERÍA FOTOGRÁFICA EN LA WEB OFICIAL DE SPRINGSTEEN.

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13 thoughts on “Bruce Springsteen & The E Street Band (2012) Santiago Bernabéu. Madrid

  1. Lo estuve siguiendo vía twitter y ya desde ese mismo momento, ante la magnitud de este concierto, tenía ganas de lee tu crónica. Por cierto, de nuevo me he tomado la licencia habitual.

    Un saludo.

  2. Anoche estuve. Soy uno de los que lo siente, que esta mañana me he levantado hecho polvo, pero feliz como casi nunca había estado… era la séptima vez que veía a Bruce en directo, y no tengo palabras… No conocía tu blog, y la entrada me ha parecido excelsa. Lo que vimos anoche fue pura historia, quizás no fue el mejor concierto de nuestras vidas, sobre todo porque nos quedan muchos por vivir, pero sin duda, sentí, sentimos, algo que no volveré a sentir. Como dijo alguien hace mucho tiempo, vimos el que por entonces era el futuro del rock and roll… pues bien, ese futuro, presente ahora, es lo más honesto, emocionante y que recordaré cuando pasen los años…

  3. Estuve ayer en el concierto y sigo en una nube. No es el primero suyo al que voy , pero este ha sido grandioso y emocionante. Y leerte es reconocerme de nuevo en 60000 voces. Gracias!

  4. os envidio a todos, yo tambien estuve, pero para desgracia en la grada norte arriba del todo el sonido pesimo y solo lo pude ver , se oyo mejor fuera que dentro , una pena, a esperar a volver a escucharlo mejor.

  5. Y justo ASÍ es como Sergio Santos Sánchez, que compró su entrada religiosamente el día y a la hora (1 de diciembre de 2011, a las 10:00) que salieron y que la tuvo que vender (que no revender) hace dos meses para poder así pagar dos facturas atrasadas y evitar su incorporación al Fichero Público de Morosidad… comenzó a odiar y envidiar eternamente a cada una de las 60.000 personas que el domingo 17 de junio de 2012 asistieron, sin compasión alguna hacia él, al concierto de Bruce Federick.

    No puedo lamentarme más, y para colmo, y sabiendo lo mucho que me iba a doler, voy y me torturo leyendo la -excelente, como siempre, pero igual esta vez incluso más- crónica del señor Gallardo. No tengo remedio.

  6. Oh aún estoy con la sonrisa en la boca,qué gran concierto , que gran día, que grande todo. Jamás me hubiera perdonado no vivir esas 3 horas y 48 minutos, ni no vivirlas con quien la viví. Te alegra la vida.
    Maravillosa crónica, cada vez que la releo vuelvo a sentirlo, estuve y sentí, gracias, gracias.
    Bruce nos quiere, es así.

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