amaral wizink center

Amaral (2021) WiZink Center. Madrid

Crónicas
Con una luciérnaga en la mano puedes cruzar toda la noche

Todas las fotos son de Ricardo Rubio

La noche es el día y el día es la noche. Con una luciérnaga en la mano puedes cruzar toda la noche y saltar al color. Eva es el bicho, Juan el que sopla. El WiZink Center el bosque urbano inesperado. Nosotros vemos la vida pasar ante nuestro ojos. Asistimos atónitos a la conversión del presente en pasado cantando canciones de siempre.

Porque el verdadero salto al color es el del viejo homínido que se pone en pie, levanta los brazos y no es que cante, no, qué cojones, es que reverbera. Clava el puño en la tierra, aúlla y reclama lo que es suyo. El rocanrol es lo suyo. Lo tiene de vuelta. Aprende de repente a ponerse en pie y se hace la pregunta importante: ¿Qué hay de lo mío?

Empiezan Amaral, como siempre, con todas las fiestas del mañana de la Velvet Underground. No es baladí porque, ¿os acordáis? No pudimos hacer fiestas mañana. Asi que las fiestas del mañana no existen. Hay que hacerlas hoy. Pues las hacemos. Y nos congregamos un viernes de noviembre en el que hay más cola en el ropero que en las barras porque las barras las han escondido.

¿Dónde están las fiestas de mañana? ¿Qué hay de lo mío? Se apagan las luces del todo, la peñita aúlla. “Busco tus señales y por más que espero nunca llegan”. Trote maquinero eléctrico para bailar mientras llegan o no esas señales, todos bien apiñaditos en la pista. De despegue o aterrizaje. Pero pista. Volvemos a cantar entre la multitud. Anónimos con pies de plomo y anhelos inconfesables que solo son, buah, canciones.

FOTO DE RICARDO RUBIO

Eva está totalmente tronada. Es un poder de la naturaleza en todos los formatos. La vimos (con Juan, que ya, sí) en junio en acústico en Esquivias y esta noche en la ciudad. Ese es otro salto al color: estamos en pie y eso nos hace distintos siendo los mismos. Pero ella no cambia. Cambiamos nosotros en torno a su eje de fuerza. Tú y yo giramos. Ellos giran. Nosotros giramos.

‘El universo sobre mí’, ‘Marta, Sebas, Guille y los demás’, ‘Hoy es el principio del final’. Tiene Amaral el revólver pop repleto de cartuchos. Les sobran balas. Todos nuestros sueños en forma de utopías son un acto total de rebeldía. No lo digo yo. Lo cantas tú como si no tuviera importancia. Que la tiene. “608 días después os podemos ver bailar”, grita Eva en medio de este concierto inicialmente anunciado para marzo de 2020. Aquel mes en el que nos encerraron. Al fin lo pudimos hacer: lo logramos. Otro importante salto al color.

Se entrelazan nuevas y viejas canciones. El sonido no termina de clavarlo, pero el ímpetu generalizado lo subsana con determinación de luchador grecorromano. ‘Bien alta la mirada’, ‘Lo que nos mantiene unidos’, ‘Lluvia’, ‘Cómo hablar’, ‘Nuestro tiempo’ y la explosión de ‘Revolución’. Contraste salvaje con ‘Soledad’ y el hipnótico danzar flamenco de Lucia Ruibal y su mantón. “Llevo toda la noche intentando contener el llanto. Pero no puedo al contemplar tanto arte en movimiento”, confiesa Eva, que está flipando en colores (claro) esta noche.

Cuando sostuve tu mirada el ‘Ruido’ se apagó es tan ‘Nocturnal’. ¿Verdad? Todo encaja. Algunos se escapan a hurtadillas al bar para apurar un gintonic de un trago y volver corriendo porque escogieron mal el momento: ‘Moriría por vos’ les devuelve a toda prisa a la pista. Estamos cerca de tenerlo completo, pero por ahora no nos dejan tomarnos algo sosteniendo con la mano el mini de turno, que no es otra cosa que el bastón que terminaremos necesitando, con suerte, para poder caminar dentro de unos lustros. Alguien dirá que no es importante y tiene razón, pero lo es.

FOTO DE RICARDO RUBIO

‘Cuando suba la marea’, ‘Juguetes rotos’ y el disparate de buena que es ‘Días de verano’. Canciones más recientes que están por crecer, himnos persistentes y resistentes. Delicadeza con sangre en las venas. ‘Ondas do mar de Vigo’, ‘Mares igual que tú’ o la propicia ‘Entre la multitud’ porque es donde estamos. Nosotros dentro de la gente otra vez, por fin. Ser parte de la gente.

Muta Eva en Florence Welch en el bis. ‘Kamikaze’ es nuestro epinicio definitivo. Nuestros ‘Tambores de rebelión’ nos llevan ‘Hacia lo salvaje’. Así que aullamos again. Y trotamos again. Lo hacemos todo again. Todos again como multitud amorfamente uniforme que echa sus ganas contra el escenario para, a su vez, recibirlas de vuelta. Desde el fondo de la pista del WiZink se nota el frío de las puertas que van abriéndose y se nota también como toda esa energía en movimiento nos transforma para el resto de los tiempos.

‘Hacia lo salvaje’, por cierto, deriva en ‘A galopar’ (poema antifascista de Rafael Alberti popularizado como canción por Paco Ibáñez) y en ‘El progreso’ de Roberto Carlos (muy bien hilado, pues canta eso de “quisiera ser civilizado como los animales”). Hay puños en alto, por supuesto. Es el momento, en un contraste absoluto con la quietud de ‘Halconera’. Tampoco es tan raro, todos somos eso: tigres por la noche, ratones por la mañana en una fracción de segundo haya sol o haya luna.

Queda tiempo para un segundo bis que parte la noche en dos a las parejitas mainstream: ‘Sin ti no soy nada’. Solo con Eva y Juan en acústico, como tantas noches de lucha contra un enemigo desconocido de este último año y medio. En algún momento hay un cambio de teclista porque la pareja del titular se ha puesto de parto. Pasan tantas cosas todo el tiempo en cualquier parte. ¿Verdad? Otra vez la fracción de segundo.

Se acaba la cosa henchidos de color 27 canciones después. “Busco tus señales pero nunca llegan”. Anda ya, llegaron de sobra. Solo somos, después de casi dos horas y media, ‘Peces de colores’ en una pecera cualquiera que esta noche se llama WiZink Center. Las canciones de Amaral son miguitas de pan o lo que demonios coman esos bichos que abren tanto la boca. Como tú y yo para respirarnos mientras saltamos hacia donde sea. Lo importante es que saltamos y pasamos del blanco y negro al color. Somos una canción en pie y suena ‘Moon River’.

FOTO DE RICARDO RUBIO

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