maría arnal i marcel bagés

María Arnal: “Es urgente imaginar de una manera distinta”

Entrevistas
Después de sorprender y conquistar a público y crítica con su debut, 45 Cerebros y 1 Corazón (Fina Estampa, 2017), María Arnal i Marcel Bagés han evolucionado de dúo a todo un organismo.
Con David Soler como pieza fundamental e interesantísimas colaboraciones han creado Clamor, nuevo álbum rico en matices y referencias que versa acerca del cambio y la necesidad de modificar nuestra forma de relacionarnos con el mundo que nos rodea y con nosotros mismos.
Sobre él hemos hablado vía telefónica con María Arnal, que esta tarde se subirá al escenario para inaugurar una nueva edición del ciclo Tomavistas Extra, en el Parque Enrique Tierno Galván de Madrid, con todo el papel vendido desde hace semanas.

¡Hola, María! ¿Cómo estás, cómo va todo?
Muy bien. Tenemos mucho trabajo: ensayos, promo, preparando las cositas de los conciertos, entrenamiento de voz… Lo normal. La normalidad se va creando. Intento hacer las cosas que me hacen sentir bien y tener una buena salud mental, emocional y profesional. Tenemos bastantes bolos a la vista y se están agotando las entradas. Todo muy bien.

Clamor cuenta con tantas lecturas, referencias y piezas que vamos intentar ir por partes. ¿Cuál fue la chispa de inicio de este segundo disco?
La verdad es que fue, por un lado, el fin de una etapa muy clara para mí, que tenía que ver con dónde se había llegado con 45 Cerebros y 1 Corazón. Por otro, una separación personal y emocional y la idea de que empezaba una nueva etapa de mi vida, muy claramente, en el que ya no estaba probando qué tal era el mundo de la música, sino que el mundo de la música era el lugar donde quería estar el resto de mi vida, acabar mis días haciendo discos increíbles, dedicarme al mundo de la música, el sonido y el arte. La sensación de tener que empezar de nuevo desde este nuevo punto de partida. Y de hacerlo a diferentes escalas. Es decir, trabajar qué finales y principios estaba encarando yo como artista, qué finales y principios podíamos encarar como proyecto con Marcel (Bagés) y luego con David Soler y qué finales y principios estábamos afrontando a nivel colectivo, global y social, con un mundo que se está transformando muy rápidamente, incluso con seres que no podemos ni ver, como es el caso del coronavirus. Empecé a investigar por ahí y por el camino he ido encontrando personas que están trabajando esas ideas.

“Que la vulnerabilidad me haga más libre, más justa”. Pienso que esta es la frase clave de ‘Milagro’, que abre el disco. ¿Ocupa este puesto para poner sobre la mesa las ideas de Clamor?
‘Milagro’ tiene esa fuerza. Es una canción que escribí para mi hermano y sale desde el amor más sincero que tengo, también hacia esa idea de que sí se puede empezar de nuevo, incluso cuando todo está muy complicado. Creo que aparecen algunas ideas claves del resto del disco, que tienen que ver con reencontrarse con la vulnerabilidad desde un lugar distinto. No como falta de poder, sino al revés, como un lugar donde puedes desarrollar otros poderes que miran más hacia los otros, que miran de una manera distinta hacia nosotras mismas y que nos ayudan a rebajar la exigencia y, sin embargo, a querer y querernos mejor.

La vulnerabilidad, las curas, el “nosotros”… Este es un disco que habla sobre nuestra condición como una pequeña parte de un gran todo que muy a menudo olvidamos.
Es uno de los grandes cambios que tenemos que llevar a cabo, si no lo estamos haciendo ya. Es urgente imaginar de una manera distinta. Este disco habla de ponerse en el lugar de otro, otro que no tiene por qué ser humano. Y a partir de ahí se expresa a través de unas voces que son casi mitológicas y se va hacia el mundo de la ficción para explicar emociones y retos que forman parte de nuestro presente más cercano.

La génesis de Clamor tuvo lugar antes de la pandemia, pero quizás lo vivido este año le ha dado más sentido aún. La pandemia ha sido (y es) un tremendo golpe y, en muchos casos, un despertar, darnos cuenta de lo vulnerables que somos.
Exacto, y en esa emoción de duelo y renacimiento está situado todo el discurso del disco. No estaba pensado, pero, sin embargo, ahí está, muy presente.

“Este disco se abre al mundo, pero al mundo que es más que humano”

MARÍA ARNAL

¿Cómo ha sido pasar el último año entre dos países (España y Grecia) y trabajar este álbum en esta situación? ¿Cómo te ha afectado?
Muchísimo, al final salir de Barcelona y vivir entre un lado y el otro de Europa, conectar con dos mundos, dos espacios de frontera… Es interesante porque, de repente, se ve Barcelona a otra escala, y, en ese sentido, creo que las colaboraciones también iban en esa dirección. Este disco se abre al mundo, pero al mundo que es más que humano. Lo internacional entra totalmente en este disco; de hecho, se mezcló en Estados Unidos y, si no hubiera habido pandemia, habríamos ido a San Francisco a grabar con Chronos Quartet. Por un lado, me ha afectado en lo global, ver el país en el que vivo desde otro tamaño, en medio de un mundo mucho más grande, y pensar que la música que hago con David y Marcel también podía interesarle a mis amigos de Atenas, en un momento en el que la música en español se está escuchando mucho en el mundo, a través de géneros muy diferentes. Por otro lado, creo que me ha inspirado mucho la Grecia más mitológica, no para reproducir esos mitos, sino tomando el mito como metáfora, la idea de que necesitamos crear nuevos mitos porque esos ya son demasiado antiguos. Como mínimo, utilizarlos para crear otros nuevos.

¿Confías en que el ser humano escuche algún día ese clamor y deje de mirarse el ombligo? Con el confinamiento hemos y seguimos teniendo mucho tiempo para pensar, pero no tengo tan claro que hayamos conseguido dejar de ensimismarnos y pensar más en un “nosotros”.
Creo que es interesante tener este tipo de planteamientos, y que vamos a estar también unos cuantos años saltando de unas ideas a otras y viendo cómo nos vamos resituando. La idea de la mutación está muy presente en Clamor, algo que está vivo y va cogiendo diferentes formas según las necesita para crear colaboraciones con otras entidades. Sobre todo en un momento de cambios, esa idea de que solamente transformándote con ellos vas a aprender mucho más… Pienso que estamos en ello.

“¿Quién quiere nacer humana? Qué sopor la humanidad” cantas en ‘Fiera de Mí’, el primer adelanto, al que acompañó un estupendo videoclip. ¿Cuál era la motivación para este tema?
La idea de partida era por qué nacer humana es mejor que nacer bajo otra forma de vida, pero como si fuera una canción de amor, para hacerla más ligera también. Y se va especificando qué cosas son las que podrían hacer que nacer humana no sea un sopor.

El mundo de la naturaleza tiene un papel muy importante en Clamor. En ‘Jaque’ cantas “Porque somos huéspedes, no sólo anfitriones”. En una entrevista hablabas sobre la urgencia de la crisis climática
Totalmente. Habla del limbo entre un final y un principio, la idea de que se está acabando un mundo frente a nosotros y que tenemos que inventarnos uno nuevo. Esto surge cada vez que se habla de que el aire que respiramos es tóxico, del deshielo, la sexta extinción masiva y muchos otros fenómenos que están pasando mientras estamos hablando tú y yo y que van a cambiar nuestro futuro próximo. Quería hablar de esto porque me parecía interesante añadir esa capa al disco.

En ‘Jaque’ hay otra frase “Deja la queja convertirse en sonido”. ¿Puede ser que este año nos hayamos puesto en jaque más que nunca pero no hemos dejado de quejarnos?
(Risas) Era un juego sobre todo del sonido de los versos. Creo que tiene que ver con el momento en el que te das cuenta de que ni siquiera tu cuerpo es tuyo, está hecho gracias a. Viene un poco de ese lugar del descubrimiento, esa transformación, que en el disco la llamamos ‘escuchar ese clamor’.

‘Cant de la Sibil·la’ es una nueva apuesta por la tradición popular, y ahí veo un punto de conexión con 45 Cerebros y 1 Corazón. ¿Cómo entraba la figura de la Sibila en Clamor?
Es la más clara, pero en mi manera de cantar está aún ese poso tan tradicional, incluso en muchas de las melodías. La Sibila es una voz mitológica que sostiene el Apocalipsis, la canción tradicional que más claramente habla de finales y principios y tan antigua como los árboles más antiguos que aún habitan la Tierra, y nos conecta con esos arcos del tiempo. Toda civilización ha imaginado su final y que ese final no era el que tenía que ser, sino que explicaba cuál era su capacidad de imaginar. La Sibila es un personaje femenino que el cristianismo coge de la mitología griega y la convierte en una profeta bíblica, algo rarísimo porque en el catolicismo no se les da poder a las mujeres. Mi contribución a esa tradición es justamente sacarla de la medida humana y de la Iglesia para devolverla a ese paganismo primitivo, pero sin renunciar al futuro de los sonidos. Por eso cuenta con la producción de Holly Herndon utilizando la inteligencia artificial, pero también nos fuimos a grabar con un rebaño de cabras en medio del bosque. Fue genial.

Tiene sentido que un disco que reivindica el “nosotros” haya sido un trabajo más coral. ¿Cómo ha sido para vosotros pasar de ser un dúo a rodearos de tanta gente?
Ha sido muy natural, y necesario también para hacer canciones distintas. Una persona fundamental ha sido David Soler; sin él no habría disco, así te lo digo. Su aportación ha sido increíble. Y José Luis de Vicente me ha ayudado con el desarrollo del concepto y la dirección artística. Cada persona que ha colaborado con su voz, su producción… Compartir todo eso, ha sido mucho más divertido que si nos hubiéramos quedado ahí.

¿Cómo entran en el proyecto gente como Kronos Quartet y Holly Herndon?
Holly Herndon entró a través de José Luis, que la conocía a través del Sónar, cuando se me ocurrió que la Sibila requería inteligencia artificial. Kronos Quartet me invitaron a cantar con ellos hace dos años en el Festival Grec de Barcelona y nos enamoramos. Me pidieron colaborar en su disco y les pedí aparecer en el mío. Espero que sea una relación que dure más discos, me encantaría. Este tipo de conexiones son un regalo de la vida.

En este disco conviven distintas referencias literarias y filosóficas. Me encantó algo que has comentado, que algo que querías hacer con el segundo disco era aprender y meterte de lleno en una temática y me parece una forma preciosa de afrontar un álbum.
Piensa que vas a dedicar dos años de tu vida a aprender algo. Era muy importante que fuera algo que me emocionara y que me pudiera transformar con ello. He aprendido que tengo que seguir mi intuición, y que, si la sigo, todo encaja. También que hay que rodearse de quien realmente valora el trabajo y hacer colaboraciones que suman más. En ese sentido, uno y uno no son dos, son tres, siempre hay algo que se genera mucho más bonito y mágico que sólo tu trabajo.

¿Cómo se consigue poner en orden tantas referencias y piezas y que todo encaje tan bien? Podría haber salido un cancionero pretencioso o confuso, pero son 11 canciones que fluyen y que se disfrutan aun desconociendo su significado y origen.
Lo explico en las entrevistas, pero a mí no me importa que luego el disco no se entienda. Las canciones tienen que tener su vida propia. Yo puedo explicar mi proceso y lo que me emociona, sin lo que esas letras y sonidos nunca hubieran salido, pero tienen que defenderse por sí mismas. Cuando hago entrevistas intento que se rebaje esa idea de que se tiene que entender todo. Sentir y emocionarse para mí ya tiene sentido. Quien quiera, que entre y va a encontrar mucho más.

“Me interesa la literatura, el arte y el cine. Me ayuda a vivir”

MARÍA ARNAL

Tanta carga narrativa y conceptual puede resultar abrumadora, pero entre tanto material viral y de consumo rápido, se agradece un álbum que invite a escuchar sin prisas e investigar los libros y las figuras a las que haces referencia.
Eso soy yo, esos libros los leo porque me interesan y alimentan mi manera de pensar, vivir y convivir en esta realidad. Hacen que sea una persona más creativa. Me interesa la literatura, el arte y el cine. Me ayuda a vivir. Y para mí es impensable que no estén presentes en lo que yo genero. Como mi medio es la música, la voz, quiero explicar esas historias que me han transformado. Entiendo que es singular en la música pop, pero es lo que soy, no me podría salir de otra forma. Vamos a ver qué pasa en el próximo disco.

Los dos vídeos que hemos podido ver hasta la fecha, ‘Fiera de mí’ y ‘Ventura’, son dos obras de arte en sí mismas. El universo de Clamor me hace pensar en recientes lanzamientos como Puta de Zahara y El Madrileño de C. Tangana, dos obras conceptuales completamente redondas, casos excepcionales en la música pop.
Sí, totalmente. Creo que es muy bueno que eso esté pasando, a tantos niveles y con tantos sonidos distintos. Al final, cada uno explica su historia y hay una idea de poder emocionar y que sea compartida con otras personas

En ese universo entra también esa presentación del disco frente al cuadro ‘El Jardín de las Delicias’ de El Bosco en Museo del Prado. ¿Cómo fue esa experiencia?
Fue muy especial. Esa semana fue especialmente muy intensa para mí, porque el mismo día que salió el álbum falleció mi abuela. Tuve que defender el disco con esa emoción, frente al cuadro, no podía ser más Clamor, muerte y renacimiento y yo ahí en medio. No he visto los vídeos, la verdad, porque me emociono mucho al pensar cómo estaba ese día, pero fue brutal. Mi abuela era una persona muy especial, divertida y carismática, la echo mucho de menos, pero pensé que se había convertido en una voz más del disco. Clamor siempre será mi abuela también.

¿Qué sensaciones tenéis de los primeros directos?
Ser público hoy en día es complicado e incómodo. Como artistas tenemos que tenerlo en cuenta, los conciertos son de entrada más fríos, pero, a la vez, quién ha ido te apoya muchísimo, porque las condiciones no son las más óptimas. Creo que el secreto es no pensar cómo eran antes, sino inventarnos desde donde estamos cómo sentirnos y hacernos sentir unos con los otros, porque todos estamos muy sensibles. Clamor habla de emociones que todos tenemos a flor de piel. En ese sentido, no se trata de salir y distraerse, sino de emocionarse juntos y desde otro lugar distinto.

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