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La MODA. La Riviera (2021) Madrid

Crónicas
No te olvides de donde vienes

En su día nos explicaron que el éxito es ir de menos a más. De Burgos al epicentro de Madrid. Al pabellón más famoso del mundo, literalmente. Un pie delante del otro. Un pie delante del otro. Y después de eso, resultó que no había nada. Porque el mundo se detuvo. Como el Metro, con todos fastidiados con cara de mala hostia. Frenazo.

Pues eso. La M.O.D.A. pasa de reventar el WiZink Center con 15.000 people a hacer rivieras a 500. Ocho, cuatro al día, con todos sentados. Esto, si no me engaña mi lamentable forma de ver el mundo en números, es trabajar siete veces más para ganar menos de un tercio. Esto es, o qué, salvar al rocanrol. ¿Acaso gana aquí alguien algo? Palmamos ahora para ganar para siempre. Ganamos los que vamos.

La M.O.D.A. es una peña que te clava Bad Religion mientras esperas. Y que te remata con el ‘I won’t back down’ de Tom Petty en versión Johnny Cash. Esta resumido en estas dos canciones su propuesta y su actitud. Porque no se van a rendir. Porque no nos podemos rendir. Y así, en voz alta, lo decimos.

Es la hostia de raro ir a La Riviera a las cinco de la tarde. Solo se me ocurre una cosa aún más rara: no poder ir. Y eso ya lo sufrimos. De manera que vamos. De manera que nos juntamos. Lo hacemos. De lejos. Sin tocarnos. Sonriéndonos con los ojos con el debido respeto. Yo llego solo y le digo al acomodador: ponme muy delante. Como ya no quepo, me pone literalmente en la mesa de sonido. Cero quejas.

Empezamos con cierta reticencia. A nadie le gusta ser rehén. Pero es la condición y se cumple. El público es fetén, la banda está tocando. ¡Qué bien suena La Riviera con menos gente! ¿Y si fuera eso? Cuando íbamos 3.000 y casi morimos aplastados sonaba mal. Mejoró cuando bajamos a 2.000. Y tengo la extraña sensación de que con 500 lo tenemos. Sensaciones.

Si llueve nos emborrachamos y así no lloramos al pasar Madrid. Tienen que decir unos de Burgos lo que sentimos los que estamos dentro. Se les reconoce y ya está. Lo dicen. Será por azar, será por designio: son los hijos de Johnny Cash.

Es muy emocionante. Habito relativamente cerca de La Riviera. De manera que salgo como una hora antes para pillar un sitio majo. Hay cola. Qué guay. Hay gente esperando para un concierto. Qué guay. Pues hago la cola. Me pongo en la fila. Me torro: son las cuatro de la tarde.

RICARDO RUBIO

Pero qué. Que La MODA cumple diez años justo ahora. Que vivimos unas semanas sin salida en las que esto no iba a ocurrir. “Gracias por estar aquí y por vuestro comportamiento. Vamos a demostrar que podemos hacer conciertos y estar seguros”, grita David. No miente: siente.

Hace La M.O.D.A. ocho concierto en cuatro días. Eso es un esfuerzo. Hay un porrón de celebridades pop que no lo van a hacer. Y os vendieron a Raphael como salvador de nadie, hace unos meses, todos debatiendo: ese tampoco era por amor a la escena. Nos rodean los cuatreros. Nos roban la cartera. Escapemos.

A mí me parece que tenemos un colchón con La M.O.D.A. El colchón es importante. Te da libertad y perspectiva para, con suerte, ganar claridad. Pero al final te lo quitan y a nadie le importa. Que nos hemos ido tan a la puta mierda que es ahora cuando tenemos que sacar las canciones que nos salvan la vida. Este es nuestro presente.

“Ayer cumplimos diez años. Gracias por estar aquí y por vuestro comportamiento. Vamos a demostrar que podemos hacer conciertos y estar seguros”, anuncia David. Y lo que pasa es que luego tocan ‘Himno nacional’. Y sabes, aseguran que volverán las mañanas felices. Ya volvieron las tardes felices. Un poco. Vuelven. Van a venir los héroes del sábado.

Siempre tengo la sensación de que La M.O.D.A. empezó siendo la banda de folk irlandés loquísima. Nos pillaríamos los pedos con ellos. Ahora creo que siguen haciendo eso pero, a su vez, ponen banda sonora a quienes apilan las sillas, cierran las puertas. Cantan para quienes nos echan de los bares porque, en definitiva, se quieren ir a dormir. Hipérboles.

Delante mía al entrar había chicas con camisetas de los ‘Héroes del sábado’. Qué emocionante. Esto nunca va a parar. Que nunca pare. O sea que, por tanto, dicho lo cual, ya están por aquí. Imposible ser neutral sobre un tren en movimiento. Vamos a intentarlo otra vez.

La MODA se ha marcado un concierto de hora y media. El primero de ocho seguidos. Porque tienen el orgullo de hacerlo. ¿Sabéis quién está tocando por ahí? Las bandas. Y el resto del mundo, para mí, se puede morir.

Porque no hace falta militar en una banda de rock para reivindicar el rock. No hay palabras suficientes para definir al rock. Ni al folk. No hay patatas fritas suficientes para empezar a empatar con el rock. Lo que haría cualquiera en su sano juicio es, rendirse y, bailar, por supuesto, un rocanrol. O un vals. Vamos a bailar otro vals.

RICARDO RUBIO

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