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Herbie Hancock + Alfa Mist (2022) Noches del Botánico. Madrid

Crónicas

La rebelión de los ultramúsicos. ¿El jazz música antigua? En el jazz no existe el pasado, al vivir en la improvisación una pieza nunca es igual a la anterior y por eso los músicos de jazz viven en un constante presente. Año 23 del siglo XXI, nada más presente y actual que la música urbana. Ha conseguido auparse en todo lo alto del mainstream -chica ¿qué dices?- y se ha ligado a todos los estilos sin que -trá, trá- nos demos cuenta. El jazz no se ha quedado atrás en esta simbiosis y una de las revoluciones es precisamente este nuevo sonido urbanita con nombres ya establecidos como Kamasi Washington o Shabaka Hutchings.

Alfa Sekitoleko, más conocido como Alfa Mist es una ola más dentro de esta tendencia, presenta su trabajo ‘Bring Backs’ de 2021 y en temas como ‘Teki’ o ‘Coasting’ podemos apreciar sus dimensiones amplias y el enfoque sosegado de su propuesta. El vecino de East Ham -tal y como confiesa en el sampler de ‘Mind the Gap’- no es un líder de tipo avasallador ni virtuoso, más bien guía y siembra indicios en su piano Rhodes setentero de por dónde irán los siguientes compases.

El despliegue de talento es monumental, se nota perfectamente cómo respira la banda, como se dan tiempo entre ellos, como no se precipitan para nada. El trompetista James Copus modela tensiones con dejes soul, la guitarra de Jamie Leeming nos dejó mágicas intervenciones atonales, sublimando el tono menor con brillantez, incluso algún arranque -por acordes e intensidad- digno de Steve Vai. Mientras que la bajista Kaya Thomas-Dyke -única en segundo plano del escenario- reafirma el resultado final con líneas eficaces.

Fotografías de Víctor Moreno – Noches del Botánico

El baterista merece mención aparte, por sus polirritmias lacerantes, sus gafas toydolleras y sus pintas de que acababa de escaparse del instituto. No íbamos muy desencaminados, Nathan Singler apenas acaba de cumplir 20 años y fue nombrado UK Young Drummer Of The Year en 2019. Imposible apartar la vista de él con su estilo hipnótico y psycho. De su inmenso arsenal destacamos sus chispeantes tresillos cross stick. Más allá de un rapeado en ‘Organic Rust’ es curioso que las intervenciones de Mist fuesen las más discretas, sinónimo de un liderazgo basado en el diálogo. Otra buena definición del jazz.

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Es evidente que Herbie Hancock sabe vivir el momento presente, se entusiasma explicando temas que compuso hace 50 años, incluso con expresiones en castellano, y él y su banda ejecutan partituras que -sin cambiar ni una coma- distan mucho de su concepción original. Las acaban de manufacturar, recién estrenadas para nuestros oídos. Modificar cada noche sus propias páginas de historia de la música es lo que hace que no creamos que el teclista pueda tener ya 82 años, tanto física como mentalmente parece un adolescente fascinado con los sonidos que brotan de su instrumento.

“He escrito muchas canciones”, se disculpa ante una ‘Overture’ de más de 20 minutos donde deslizó varios de sus éxitos, para continuar con ‘Footprints’ de “un amigo saxofonista que dentro de poco va a cumplir 89 años”, nada menos que Wayner Shorter. El arreglo de la locura hard bop corre a cargo del trompetista Terence Blanchard “siempre en la última fila del autobús de gira componiendo música de cine”, que se lleva el aplauso del público. Herbie sigue presumiendo de banda: James Genus al bajo, Justin Tyson a la batería y Lionel Loueke a la guitarra “toca tan increíble que a veces uno cree que va a arreglar el planeta”.

Fotografías de Víctor Moreno – Noches del Botánico

Puede que los cambios en las canciones no sean tantos como puedan parecer en un principio, en realidad uno hace nuevos colores combinando otros colores que ya existen, ¿no?. Arranques de bailes africanos, toques de sonido caribeño, una pizca de rhythm & blues, Hancock nos hace cambiar de continente en apenas 8 compases. Un viaje absoluto para todos los sentidos, una jornada rejuvenecedora a través de la vitalidad del de Chicago.

En ‘Come Running to Me’ el veterano músico canta sobre varios filtros de voz y nos concede su mayor hit: ‘Cantaloupe Island’ en una versión bastante más juguetona y compleja que la de 1964. En ‘Chameleon’ volvemos al funky bailongo, incluso amagamos con cantar ‘Superstition’ -¡qué divertidos fueron los primeros setenta!- hasta le perdonamos que emplee un instrumento tan poco carismático como la keytar. Menuda gozada de bolo, con la sencillez de Herbie y sus compañeros todo parece tan fácil. A lo mejor lo es. En definitiva, en el jazz, en la vida, basta con tocar una única nota. Sólo hay que asegurarse de que sea la nota correcta.

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