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‘Back to Black’: el aullido de dolor de Amy Winehouse

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«Escribo canciones porque estoy mal de la cabeza y tengo que plasmarlo en el papel para sacar algo bueno a partir de algo malo». Esta reflexión de la propia Amy Winehouse resume a la perfección el estado emocional que estaba atravesando a finales de 2005, y que fue la gasolina que ella misma decidió incendiar para escapar.

Esa zozobra, provocada por la ruptura temporal con su novio Blake Fielder-Civil, con quien terminaría casándose en 2007 en la cima de su autodestructiva popularidad, fue la chispa que inició el fuego interior de la cantante británica, que por aquel entonces tenía 22 años y entró en una etapa depresiva de la que la sacaron las canciones.

Tal y como se describe en el documental Amy, de Asif Kapadia, los amigos de siempre de la cantante se preocuparon profundamente al constatar su desidia vital, materializada en una casa que era poco menos que una pocilga. Además, el éxito de su primer disco, Frank (2003), obligaba a una segunda entrega que no tenía pinta de que pudiera llegar jamás.

A finales de 2005, Amy bebía desde que se levantaba, por lo que sus amigos insistieron en que debía entrar en rehabilitación. Casi lo consiguen, pero finalmente no fue así porque su padre, Mitch Winehouse, oscuro personaje, consideró que no era necesario. Por eso ellos consideran que Back to black es el álbum que Amy nunca debería haber grabado. Ella mejoró sin ayuda profesional y siguió adelante con la composición de su siguiente disco, que precisamente tendría en su negativa a la ‘Rehab’ su gran éxito.

«ESCRIBÍA TODO EL RATO»

Aparentemente algo mejor, en diciembre de 2005 pasó unos días en Miami, en la casa de su amigo Salaam Remi, con quien ya había trabajado en su debut Frank y que terminaría siendo uno de los dos productores de Back to Black junto a Mark Ronson. «Mientras estuvo aquí apenas bebía. Se sentaba con su cuaderno y escribía todo el rato», relata en el citado documental Salaam, a la postre uno de sus principales apoyos para salir adelante, pues sentía hacia ella una profunda admiración.

Tras romper con su mánager de siempre después de que éste le dijera que no seguiría con ella si no se dejaba ayudar, Amy siguió trabajado en el álbum en marzo de 2006 en Nueva York respaldada por la banda de Sharon Jones, The Dap-Kings, en una etapa de creatividad desbordante que incluso sorprendió al productor Mark Ronson, quien recuerda que «el primer día en el estudio escribió la melodía y la letra de Back to Black en dos horas».

Y es de nuevo Amy Winehouse quien toma la palabra: «Cuando escribí la primera canción sobre Blake, las otras salieron solas. Con esta tormenta de sentimientos, estaba en racha. Cuando escribes una canción tienes que recordar cómo te sentías, qué día hacía, cómo olía su cuello. Tienes que recordarlo todo».

Fue entonces cuando murió su abuela paterna, Cynthia, por la que ella sentía auténtica devoción por su fortaleza. Las sesiones se detuvieron un tiempo, hasta que estuvieron listos para saltar esta otra piedra en el camino, superada más o menos a partir de agosto de 2006 en los Metropolis Studios de Londres. Más o menos porque allí un trabajador de la compañía descubrió que Amy padecía bulimia tras una vomitona terrible en el cuarto de baño.

ÉXITO INSTANTÁNEO

Asimilando en profundidad el documental de Asif Kapadia, resulta prácticamente milagroso que el 27 de octubre de 2006 llegara a las tiendas el segundo disco (y último en vida) de Amy Winehouse. Un Back to black que le salvó la vida en ese momento, pero que también de alguna manera la condenó al trágico desenlace que terminaría aconteciendo cinco años después.

El enorme éxito de Back to black estuvo precedido por el lanzamiento de Rehab como primer single cuatro días antes. Después le seguirían otros singles como You know I’m not good, Back to black, Tears dry on their own y Love is a losing game. Todos ellos profusamente radiados mientras el álbum se convertía en el primer gran clásico del siglo XXI y reinaba en las listas de todo el planeta.

Su estilo, menos jazz y más entregado al soul y al R&B de las grupos de chicas de los cincuenta y los sesenta, era clásico pero sonaba contemporáneo. Rabioso en unas letras crudas y descarnadas que bien podrían ser punk, pero recubiertas de una delicadeza y una elegancia que caló hondo gracias también a la magnética y personalísima imagen de Amy. Como llegada de otro mundo que una vez existió, pero cantando en el presente a sentimientos compartidos por todos los humanos.

Retro y vintage, pero moderna en su forma de relatar su dolor y su desesperación sin dejar de ser una mujer fuerte que sabe lo que quiere. Por todo el disco está desparramada su agridulce visión de las relaciones sentimentales, apuntalada por melodías hipnóticas y una interpretación solemne con sangre y lágrimas en casi cada nota. Convirtiendo sentimientos mundanos en poderosas sentencias.

En su primera semana a la venta, Back to black alcanzó el tercer puesto en las listas británicas, pero su consistencia y su certera campaña de promoción consiguió que llegara al número 1 después de once semanas. Su vocación perdurable, basada en su sincera angustia, terminó convirtiendo al álbum en el más vendido de 2007 en el Reino Unido. Y en el decimotercero más vendido de la historia allí, algo también debido a que regresó al primer puesto tras la muerte de Amy el 23 de julio de 2011.

Durante la presentación del álbum hubo conciertos memorables, pero también otros desastrosos, con momentos descorazonadores emitidos incesantemente en los noticieros de todo el planeta, con la artista claramente intoxicada e incapaz. Convertida en estrella y en icono, su matrimonio en 2007 con su recuperado Black Fielder-Civil, otra influencia cuanto menos dudosa por su relación con las drogas, no consiguió mejorar la situación.

12 MILLONES DE COPIAS

Porque mientras el mito crecía y el disco más vendía, más profunda era la adicción a las drogas y alcohol. Mientras la pareja se autodestruía, Amy se convertía en referente de toda una generación de mujeres como Adele y Duffy, por las que repentinamente la industria comenzó a mostrar un interés basado principalmente en las cifras de potencial negocio (confirmado a posteriori, ahí está el evidente caso de Adele).

Back to black fue reconocido en los Grammy Awards de 2008 como Grabación del Año y Canción del Año por su éxito ‘Rehab’, mientras que el álbum recibió nominaciones para Álbum del Año y Mejor Álbum Pop Vocal, ganando este último. Winehouse ganó el Grammy al Mejor Nuevo Artista, mientras que Ronson ganó el Premio Grammy por Productor del Año No Clásico. En los Brit Awards, ella fue distinguida como Solista Femenina del Año.

Actualmente se estima que Back to black ha vendido más de 12 millones de copias en todo el mundo. Unas cifras definitivamente de otra época, al alcance de muy pocos artistas en el mercado discográfico del siglo XXI. Pero tan descomunal reconocimiento no pudo salvar a Amy, convertida en leyenda al sumarse al ‘Club de los 27’ el 23 de julio de 2011 tras sufrir un colapso.

«Si de verdad pensara que soy famosa, me pegaría un tiro en la cabeza porque da miedo, da mucho miedo», plantea Amy Winehouse en el documental de Asif Kapadia, en una de esas entrevistas rutilantes y llenas de frenesí y algarabía en una entrega de premios. Muchos oyeron a lo lejos su aullido de dolor y desesperación pero muy pocos la escucharon de cerca. Por eso terminó volviendo penosamente a la oscuridad.

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