Andrés Calamaro: “Lo de las guitarras era algo que tenía descuidado”

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La tarde de este martes ha sido diferente a cualquier otra porque Andrés Calamaro (Buenos Aires, 1961) ha congregado a un nutrido grupo de periodistas -la mayoría amigos, otros muchos buenos colegas- en un céntrico estudio madrileño para escuchar y comentar Cargar la Suerte (Universal Music), un nuevo álbum de estudio que verá la luz el 2 de noviembre con doce canciones que suponen también su regreso al rock de autor marca de la casa de guitarras y versos desenfrenados.

Cuando uno acude a este tipo de encuentros nunca sabe muy bien cómo va a funcionar, si va a haber ‘feeling’, por así decirlo. A veces hay pero otras no. El músico argentino parecía tener esa misma precaución de no saber muy bien qué esperar de los asistentes, pero tras saludar uno por uno y agradecer la presencia de todos, la música puso todo en su sitio. Porque el plan inicial era que primero tomara la palabra y luego escucháramos la música, pero rápidamente él mismo se dio cuenta de que era mejor al revés y al revés se hizo.

Así pudimos escuchar el álbum completo, empezando por el single ya conocido Verdades afiladas, y prosiguiendo por el medio tiempo ocurrente Tránsito lento, el baladón creciente Cuarteles de invierno con una de esas letras para releer tranquilamente y un solo de guitarra imponente, o esa otra Diego Armando Canciones en la que canta “para que guardar rencor si puedo cantar durmiendo”.





La prensa está repartida en dos estancias del estudio, unos en la parte de la mesa de mezclas y otros en la pecera donde habitualmente están los músicos. Y Calamaro va y viene, aparece y desaparece oteando y en un momento dado esperando feedback. Así ocurre después de escuchar Las rimas, un tema con base rock pero una actitud y una letra más propia del hip hop, o tras la descarga de rock duro de Siete vidas. “El tiempo conoce mi sombra, el viento me nombra, ahora soy príncipe y mendigo, ahora soy torero y bandido”, canta en un punto casi cercano al heavy.

“Nunca renunciamos a las guitarras”, ha aseverado en un momento dado Calamaro a los presentes, hablando así en plural para poner en valor la dirección técnica de Gustavo Borner y los arreglos de Germán Wiedemer -con quien firma diez de las doce canciones-.

Y aún ha proseguido afirmando que “un buen disco de rock tiene sus solos de guitarra”. “Los Ramones no tenían solos, vale, pero ellos son la excepción. Lo de las guitarras era algo que tenía descuidado”, ha admitido, para luego explicar que ha escrito las letras antes de tener la música, porque “hay que ser muy buen letrista para dejar las letras para el final, ya que eso te puede llevar a entrar en pánico”. “¿Y ahora qué cantamos?”, ha bromeado en tono distendido.

Cargar la suerte fue grabado en los estudios Sphere de Burbank (California) e Igloo Music en Madrid, con letras escritas tanto en la capital española como en Buenos Aires durante el último año. Y además del primer sencillo, Verdades afiladas, contiene títulos como Tránsito lento, Cuarteles de invierno, Diego Armando Canciones, Falso LV, Adán Rechaza o Egoístas. Un compendio que transita por baladas intensas, medios tiempos y rock tan veloz como duro.

Y entre la nómina de músicos, aparte del propio Calamaro y Wiedemer, ilustres como el batería Aaron Sterling, el guitarrista Rich Hinman o el saxo tenor Brandon Field, todos ellos escogidos con Borner. “Grabaron todos muy sueltos. Al empezar les dije que había empezado a grabar discos hace cuarenta años y al terminar les di las gracias por ayudarme a hacer mi mejor disco en cuarenta años”, ha asegurado entre risas.

El músico argentino ha concedido en este punto que Cargar la suerte es un disco más ambicioso que últimas entregas como Romaphonic (2016) o Sesiones 11 (2016), al formar ambos parte de sus ‘sesiones encontradas’ en las que recopila grabaciones de diversos momentos. Al respecto ha planteado: “Romaphonic y Sesiones 11 no dan la impresión de que estuviera haciendo un gran disco porque no llegaron a ser producciones. Eran más despreocupados”.

Manifiestamente satisfecho con el contenido de este regreso ‘a lo grande’ cinco años después de Bohemio, ha explicado el concepto de cargar la suerte relacionándolo con la jerga taurina y la vieja idea de jugártela: “Esperemos que así sea en este disco. El cantante que se juega la vida con sus músicos. La música es un oficio de alto riesgo pero eso no se sabe hasta que pasa el tiempo”.

Eso sí, de nuevo en tono distendido, ha afirmado que él no es “tan escéptico con la música como los puristas de los toros”, que culpan a “todo el sistema” cuando por ejemplo en Las Ventas sale un “toro malo”. Y ha admitido en este punto que, en cualquier caso, “cuando terminas un disco tienes que abandonar el barco”.

“No lo sigues escuchando para no corregirlo más. Cargar la suerte es un título simbólico y taurino, pero después de tenerlo terminado se me ocurrieron dos títulos más: Perder la cuenta y Los amigos de mis amigos son mis amigos“, ha desvelado entre risas. Y ha agregado que, aunque haya abandonado este barco del disco aún por publicar, él sigue “escribiendo versos” y sus planes pasan por poner música a una película protagonizada por Dani Rovira.




Esta referencia a los amigos le ha llevado a comentar otra de sus nuevas canciones, My mafia, dedicada a sus “amigos delincuentes”. Y ha reflexionado en voz alta: “Es interesante hacer una canción sobre los bandidos, porque en Argentina existe una delincuencia social compuesta por menores, pero si en España ahora decimos chorizo en lo primero que pensamos es en un político… o en varios. Los delincuentes son anónimos por definición y los que no lo son están en Netflix. Pero yo nombro a algunos en mi canción”.

Para terminar, ha cavilado sobre lo efímero de la creación musical, sin llegar a ninguna conclusión definitiva: “La música no sé si es exactamente efímera, pero no sabemos de qué está hecha. Igual es tiempo o aire, no sé si vibración. La música es un misterio, pero a mi me gusta tocar los discos e incluso escucharla mirando a los parlantes -altavoces- como si fuera la televisión”.

Y ha terminado porque así se lo han indicado, porque a esas alturas ya se había sentado y hablaba cómodo. Con la tranquilidad de quien sabe que tiene un buen disco entre manos, gustándose, confiado. Y lo cierto es que tiene un disco ‘gordo’ que suena a buen rock y que en el que apetece adentrarse tras una primera escucha tan fugaz como esta. Por eso se muestra distendido detallando las bondades de los músicos con los que ha grabado el disco, relatando algunas anécdotas más y en última instancia de nuevo agradeciendo a todos los presentes por su tiempo. Uno por uno.

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